From Dust
Eric Chahi llevaba un par de años sumido en el ostracismo cuando se anunció el proyecto que le devolvería a la plana de la actualidad. La obra llevaba nombre propio: From Dust. De ella se dijo en un principio que estaba destinada a revolucionar el género de la simulación, aunque los detalles fueron tan parcos como la información que se dio a conocer en los meses posteriores a su presentación oficial. Fue Ubisoft la encargada de desplegar una importante campaña comercial con la que se buscaba dar a conocer el juego y revitalizar el nombre de Chahi, no en vano encarna a una de las figuras más emblemáticas en el mundo del desarrollo indie. Habrá quien recuerde Another World como una obra atemporal, cuyo rebufo instaló un modus operandi que se sigue empleando a diario en la industria del videojuego. Para otros, Chahi es un desconocido a quien le pudo el afán creativo con Hearts of Darkness.
El resto de lectores que posan sus ojos sobre estas líneas se preguntará qué clase de producto es From Dust independientemente del genio creativo que se esconda tras su firma. Esta vez, para variar, el contenido del título descargable no gira en torno a alguna de las mecánicas que hemos venido comentando en los últimos análisis aparecidos en XBLA/PSN (sobre todo en el bazar de Microsoft, donde el Summer Live Arcade ha ofrecido productos de incuestionable calidad, léase el caso de Mrs. Splosion Man o Bastion), sino que se acoge a un estilo del que hace tiempo apenas había rastro de vida: el God Genre', o esa subespecie de la industria en la que el jugador encarna a un dios que se dedica a diseñar caminos y escenarios para asegurar la prosperidad de su pueblo. También conocidos como God Games, se dice que Peter Molyneux fue su padre espiritual, en tanto bajo su responsabilidad recae el clásico Populous.
Se diría que From Dust es una ampliación del concepto original que propuso Bullfrog en su día, solo que ampliado y renovado para ajustarse a los tiempos que corren. Es un título de fácil acceso que se entrega por completo a la simulación, con una ambientación que bebe sin tapujos de los clásicos del género, tanto a nivel sonoro como visual. Como tal, el argumento toma un papel muy secundario, donde el jugador se convierte en El Hálito, un ente que surge como premio a los ruegos de los primeros especímenes que caminaron sobre la faz de nuestro planeta. Una tribu indígena invoca a esta deidad a base de cánticos y rituales con el único fin de proteger su existencia. En los albores de la creación del mundo tal y como se conoce en la actualidad, los desastres naturales son parte inherente de la rutina diaria, al igual que la exploración, la caza y la construcción de aldeas donde vivir y perpetuar la raza.
Suspiro de vida
Los primeros vídeos hacían presagiar que la última obra de Chahi estaba totalmente inspirada en la construcción de un mundo natural y en las consecuencias de nuestros actos en relación al comportamiento de ríos, lagos y grandes superficies. From Dust emplea como base una mecánica de fácil comprensión, en la que El Hálito se representa mediante un pequeño cometa situado a ras de suelo, capacitado para moverse con igual fluidez por encima de la tierra o del agua. Con el gatillo izquierdo del pad obtiene recursos naturales -un puñado o una gran extensión de tierra-, mientras que con el derecho lo deposita en el lugar deseado. Como resultado se obtiene la creación de un puente de arena que frena el avance del agua, ofreciendo así una pasarela que permite a los aldeanos seguir descubriendo nuevos territorios del mapeado.
Esta base' de la que hablamos consiste en el moldeado de los escenarios, de la orografía de los terreros. El Hálito puede cambiar la estructura de los escenarios y guiar los pasos de sus fieles, pero no alterar el libre albedrío de sus acciones. En un mundo virgen donde el Hombre no ha contaminado la naturaleza con sus manos es posible encontrar tesoros de gran valía que permiten comprender -o abrazar- la fuerza de la naturaleza. El narrador de la trama (o, mejor dicho, el presentador de los acontecimientos que se suceden en pantalla, pues sería un error hablar de un argumento propiamente dicho) aclara en una de las primeras misiones que, de igual forma que el tiempo castiga inexorablemente al ser humano, el mar y otros elementos castigan a la tierra, a las estructuras que se construyen y palidecen ante la fuerza de aquello que no se puede dominar. Es evidente que la pluma de Chahi y de sus colaboradores sigue presente en la creación de una atmósfera que invita a la admiración de los parajes naturales que descubrimos a medida que avanzamos por el mundo inhóspito que conforma From Dust.

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