Afro Samurai
El mundo del samurái, o el mundo del honor, del respeto, de las tradiciones orientales y de alguna de las obras maestras que se han dado en el cine. El mundo de Akira Kurosawa, de Nobuhiro Watsuki y de muchos otros que ven, en lo que ya se ha convertido en un sub-género por excelencia, que los duelos de espadas son un filón argumental casi ilimitado. Quizás sea por el planteamiento de sus historias, tan clásico y tan atractivo que para muchos son atemporales, o la estética del Japón antiguo, llena de indumentarias, colores y ambientes que son una marca en sí mismos. Sea como fuere, de vez en cuando aparecen reinvenciones de este contexto, algunas con un cariz moderno de lo más interesante. Es el caso de Afro Samurai.
Obra de Takashi Okazaki, un conocido artista japonés por sus obras en algunas revistas, se atrevió con esta propuesta a caballo entre el steampunk, la estética anime, el espíritu sucio del spaghetti western de Sergio Leone y el toque personal gracias a la excelente OST realizada por RZA (Wu-Tang Clan) que hizo las delicias de aficionados y profanos en la música del estilo. Sus atractivos para el público americano vinieron por la figura del protagonista, un samurái afroamericano con voz, cara y mala leche del mejor Samuel L. Jackson, con alguna que otra participación estelar por parte de Ron Perlman -Hellboy-, entre otros. Una mezclanza atractiva comercialmente, efectiva en lo estético e interesante por el desarrollo de tanto la miniserie anime que se lanzó como de los manga publicados por Okazaki.
Sacar a partir de ahí un videojuego era un sota, caballo y rey de lo más lógico. Namco Bandai Games, subsidiaria de la renovada Atari, agresiva en la adquisición de licencias asentadas o con gran atractivo comercial, hizo de esta, junto con el próximo Ghostbusters: The Game y The Chronicles of Riddick: Assault on Dark Athena, su mayor baza en el ámbito cinematográfico. Quizás en nuestro país no notemos este lanzamiento con tanta calidez como en otros territorios, donde sí ha tenido una acogida más mayoritaria, pero es igualmente destacable su inclusión en el catálogo por dos razones: la primera, la calidad del anime original; y la segunda, que el género del hack n slash pega muy fuerte entre nosotros, y eso es una realidad. Ponerse la bandana' del número dos no será, por tanto, entusiasmo de muchos, pero Afro Samurai cuenta con ese engolosamiento a la vista que lo hace digno de ser desgranado con mimo.
El number one'
Afro tiene el nombre más original del mundo. Al menos, en el Japón feudal' en el que se desarrolla el argumento. A esto se debe su pelo, muy deudor de la estética funk/blaxploitation de los 70, y su actitud, marcada por su cigarrillo siempre a medio terminar y por su amigo imaginario, Ninja Ninja. Una actitud muy neurótica marcada por el asesinato de su padre delante de sus propios ojos por Justice, otro samurái que ansiaba tener el título del Número Uno y que finalmente terminó arrancándoselo al padre de Afro, Rokutaro. No sabemos si tener dicho título te otorga una mansión en la montaña, un viaje a las Islas Canarias o si simplemente es por el prestigio, pero este ranking' de samuráis siempre termina con alguien consiguiendo la bandana' del número dos para ir a por el primero de la lista.
Lo que pasa, a partir de ver a Afro llevarla puesta, es de lo más lógico: arquetípica historia de venganza, con muchos pesados queriéndose llevar lo que nos hemos ganado a base de sangrientos mandobles, con mucha frase cínica y ácida de por medio, algunos personajes remarcables, otros no tanto, y en general un disfrute de lo más visceral. Lamentablemente, a pesar de que se cubran más eventos en este periplo que en el anime en el que se basa, su profundidad es bastante menor. De hecho, el utilizar a Samuel L. Jackson y compañía -en perfecto inglés con subtítulos, algo que se agradece para no perder el toque personalísimo de las voces originales- no evita que los diálogos sean a veces inconexos, el pulso narrativo se pierda y, en general, la historia haga aguas si no tenemos en nuestra mente los datos de la serie.

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