GUÍA TOMB RAIDER III
Durante unos instantes, la sensación de frío y humedad a mi alrededor me hizo tiritar de frío, mientras mis dientes castañeteaban para acompañar el ritmo del temblequeo de mis rodillas. Encendí una antorcha, no sólo para desvanecer las tinieblas que me rodeaban, sino también para intentar calmar la sensación que me colaba hasta los huesos... y que, me di cuenta, no era sólo frío... era pánico.
No en vano, había entrado en La Cueva, lugar de pestilencia y falta de ventilación sin parangón en el universo conocido. Allí vive El Bárbaro, pitoniso aventurero mundialmente conocido por su humor poco benévolo y sus venganzas sangrientas... Como todos los oráculos, es casi ciego [bueno, miope en grado sumo] y lleva una vida retirada de los asuntos humanos y terrenales.
De repente, tras un recodo manchado por un líquido pastoso y pegadizo que no me atreví a analizar para averiguar su origen y naturaleza, le encontré... su cruel rostro iluminado por su monitor de 17 pulgadas... me acerqué a él con temor y reverencia, intentando caerle simpático... tenía que haber venido disfrazado de mujer, maldita sea, pero me olvidé los cocos en la playa.
¡¡¡Quién se atreve a molestarme!!! Ahora que estaba culminando mis asuntos con Manny Calavera, soy perturbado para... para perturbarme más que nunca... Díme: ¿Qué quieres? Antes de que use mis cuchillos afilados para reducirte a picadillo...
Vaya, había llegado en mal momento, probablemente el TDK llevaba varios partidos perdidos... antes de intentar hablar, le ofrecí un tributo para que viera mi buena fe y sincera devoción...