Un nuevo régimen político se ha instaurado en Rapture. Sophia Lamb ha creado una nueva sociedad en la que, desde el inicio, reina el caos y la destrucción. En la piel de un Big Daddy, deberemos hacer frente a una nueva aventura tan épica e inolvidable como la original.
Han pasado algo más de dos años desde la primera vez que bajamos a las profundidades de Rapture. Todo aquel que ha experimentado aquel descenso se ha llevado un recuerdo imborrable, la imagen de una utopía que se vino abajo por infinidad de factores. Pocos juegos son capaces de transmitir tantos mensajes de un simple vistazo, desde el entorno de mundo perfecto e idílico que no ha podido funcionar, hasta los enigmáticos mensajes que nos encontrábamos por todos y cada uno de los pasillos de la ciudad sumergida; eso sin olvidarnos de la locura reinante en sus habitantes, de la guerra entre las pocas personas cuerdas que perduran, lo gótico, retro y agobiante de su atmósfera, o incluso la ansiedad que provocaba el saber que deberíamos eliminar al poderoso Big Daddy que atravesaba el pasillo acompañado de los cánticos de su pequeña Little Sister.

BioShock era el heredero de la ya excelente franquicia System Shock, pero pese a tener grandes precursores logró sorprender a propios y extraños. Podría decirse que mantuvo los mismos estándares elevados de calidad, pero también mostró toda una serie de virtudes que lo alzaron como uno de los juegos más importantes de los inicios de esta generación. Alabado por crítica y público, puso el listón muy alto; pero aún a pesar de todo, 2K Games no se amilanó y decidió arriesgarse con el desarrollo de una segunda parte. Eran muchas las dudas que surgían en torno a lo que una continuación argumental podría conseguir dentro del universo de Rapture, pero tras haber disfrutado de las primeras horas de juego, podemos asegurar que todo temor parece estar infundado: BioShock 2 es un gran juego que no desmerece al original.

Rapture, en pleno cambio
El inicio del juego es igual de enigmático que el de la primera entrega. Tendidos en el suelo de una sala perdida en las profundidades de la ciudad de Rapture (la cual está oculta bajo el océano Atlántico), somos un Big Daddy que recupera lentamente la consciencia. Desconocedor de su pasado, resulta peculiar irnos metiendo en su papel y descubrir ya de primeras algunas novedades del juego. Avanzamos lentamente por los pasillos y estancias de Rapture, eliminando a los tradicionales splicers y recibiendo mensajes de diversos personajes, cuando de repente nos encontramos con una Big Sister, una criatura similar al Big Daddy pero con una agilidad y unas habilidades únicas para el combate. Nuestros enfrentamientos se suceden hasta que la criatura, cansada de nuestra persecución, nos acaba inundando y provocando que nos lleve el agua.

Pero somos un Big Daddy, por lo que el agua no nos intimida, pero nos vemos forzados a alejarnos de la zona en la que estábamos, hacia otras áreas lejanas de la ciudad. Desde ahí empezaremos nuestro camino hacia cumplir un objetivo similar al del primer BioShock: liberar a Rapture de un nuevo régimen tiránico. Los diversos personajes con los que hablamos hacen referencia a nosotros como señor o sujeto Delta, y aunque aún no sabemos quién somos, parece que el resto de los habitantes de la ciudad nos conocen muy bien. Tendremos a la doctora Tenenbaum, quien nos pedirá que ayudemos a las Little Sisters y liberemos Rapture; tendremos también visiones de una niña que responde al nombre de Eleonor, que no deja de llamarnos padre y asegura que no debemos permitir que madre nos manipule.

Aunque el personaje más interesante es, muy seguramente, el de Sophia Lamb. Su papel en toda esta historia es mimético al de Andrew Ryan; lideraba la oposición al antiguo regente de Rapture, y se autoproclamó nueva líder de la ciudad tras la caída de Ryan en el anterior juego. Los mensajes políticos y referencias son constantes y, si cabe, más marcados en el primer BioShock, llegando a encontrarnos con auténticos museos que sólo tienen el objeto de transmitir ideales políticos y criticar la labor del gobierno de Andrew Ryan. Sophia Lamb, al igual que Andrew Ryan, se comunicará constantemente con nosotros, amenazándonos y cortándonos el camino tantas veces como le sea posible, y será el gran némesis de nuestra aventura. Los lectores que crean que les hemos destripado algo del argumento, podemos asegurar que no es así; todo esto se hace patente en los primeros minutos de juego, y aún incluso en ese pequeño lapso de tiempo, hay más sorpresas que se deben descubrir por uno mismo.
