El clásico de Majesco vuelve a la acción 20 años después en una obra que destila creatividad artística por los cuatro costados. Con un sencillo sistema basado en las 2D que tan de moda se han puesto en los últimos meses, probamos todo lo que ofrece la edición norteamericana de este título que, además de contar con un aspecto visual francamente asombroso, sabe aprovechar sus virtudes en uno de los plataformas más interesantes que están por aparecer esta nueva temporada que daba comienzo hace pocos meses. Un chico y su gelatina dispuestos a reinventar un género.
20 años, que se dice pronto. Dos décadas en las que el género de las plataformas, los side-scrollers, han vivido mil y un cambios para acabar en el ostracismo por querencias de la nueva generación, centrada en otros menesteres muy diferentes a los que se estilaban en la época de los 80. Entre el furor de títulos que vieron la luz en NES destacan muchos, la mayoría conocidos de sobra por los aficionados de la industria, aunque hubo alguno que otro que pese a su calidad nunca alcanzó el cenit de la popularidad, como sí hicieron otros personajes de casta, léase el caso de Mario o del propio Kirby. A Boy and his Blob, la historia de un muchacho y de su gelatinosa mascota, se considera hoy uno de tantos clásicos atemporales de cuya historia se podría hablar largo y tendido en cualquier retrospectiva que se precie.
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El considerable éxito de la obra original, en la que Majesco ponía al jugador en la piel de estos dos personajes con el único objetivo de salvar el mundo de Blobolonia para poner rumbo hacia el planeta Tierra, se tradujo con el tiempo en varios intentos por crear una franquicia que nunca tuvo ocasión de demostrar su verdadero potencial. El único rastro que ha dejado la serie tras de sí, además de una pobre secuela que aparecía la GameBoy monocroma a principios de los 90, son varios proyectos cancelados (siempre a manos de distintas desarrolladoras) que pese a su furor inicial nunca llegaron a ver la luz en el mercado. Tanto GameBoy Advance como Nintendo DS han estado en el punto de mira de Majesco para revitalizar la licencia, pero las pretensiones se han quedado tan sólo en eso, en planes infructuosos.
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Cuando se anunció un remake del original con visos a aparecer en la sobremesa de Nintendo se generó un halo de expectación sobre la veracidad de la propuesta. Existe, de hecho, una abultada comunidad de aficionados que esperaba este acontecimiento como agua de mayo, pero viendo las credenciales de la compañía había motivos suficientes para echarse a temblar. Las cosas empezaron a cambiar después de la aparición de los primeros scans en revistas especializadas donde se mostraba un título completamente remozado que teóricamente iba a ofrecer la misma línea argumental del original (y, por ende, los mismos niveles), añadiendo nuevo material a la contienda. La información seguía llegando a cuenta gotas hasta que finalmente se determinó la compañía que se encargaría del proyecto: WayForward.

Un remake con historia
Un estudio que cuenta con bagaje de sobra para garantizar cierto nivel de calidad en cualquiera de sus obras. Contra 4, LIT o Mighty Flip Champs! (este último destinado en exclusivo a la tienda virtual de Nintendo, DSiWare para más señas) son sólo algunos de los títulos que han alzado a WayForward a una posición privilegiada desde la que poco a poco se comienza a vislumbrar un futuro prometedor. La primera prueba de fuego en sobremesa tenía que ser uno de los platos que mejor manera el estudio: las dos dimensiones. La propuesta no dejaba de presumir de una sencillez apabullante con la que supuestamente se lograría llamar la atención del público adulto de la consola. Si por algo se caracterizaba el original de NES era precisamente por su inexplicable nivel de dificultad, exigente a más no poder.
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Después de sufrir la manida expectación –el popular hype en anglosajón-, a Boy and his Blob hacía acto de aparición la semana pasada en el mercado norteamericano situándose entre los títulos más destacados del catálogo de la consola. La prensa norteamericana se rendía en elogios, las ventas no han acabado de acompañar pero, en cualquier caso, la calidad está servida. Las credenciales del juego son exactamente las mismas que las de su vetusto homónimo, sin demasiadas pretensiones, rayando el sobresaliente a nivel artístico, los chicos de WayForward se las han ingeniado para tomar un proyecto desde cero y llevarlo a buen puerto respetando el original toda vez que se aporta su granito de arena añadiendo algunos retoques en la jugabilidad.
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