Las nubes tiñen el cielo de un pálido color grisáceo. El viento traslada el terror que transmiten los pasos de un coloso que se aproxima hacia la ciudad en la que habitan los héroes de turno, soldados dispuestos a perder su vida batallando contra estas criaturas. Square Enix ha decido retomar la ambientación medieval/fantástica que tan bien se le ha dado por tradición para elaborar una aventura exclusiva de portátil que a su lanzamiento en Japón deja tras de sí un dulce sabor de boca. JRPG original, de acción para amenizar el verano.
Colosos. Criaturas mitológicas que son enviadas por los dioses para exterminar toda vida humana conocida. La tradición habla de figuras cuyo tamaño asustaría al mayor de los mamíferos, de una violencia extrema que destruye todo cuanto se encuentra a su alrededor, una verdad a medias que Square Enix ha querido poner a prueba en su última aventura destinada al público de las consolas portátiles. Esta vez se trata de un proyecto liderado por el equipo que se esconde tras el desarrollo del notable Revenant Wings, dirigido por Motomu Toriyama, uno de los directivos de la compañía japonesa que más fuerza ha cobrado en los últimos años. Hace unos pocos meses se anunciaba oficialmente el lanzamiento de una aventura original que para muchos supondría la continuación oficial del destacado Bahamut Lagoon, una de las muchas obras de la compañía que nunca fue capaz de ver la luz en occidente.

Nadie ha desmentido los rumores, las habladurías siguen teniendo la misma fuerza de antaño, pero todo parece indicar que Blood of Bahamut tiene poco o nada en común con su supuesto antecesor a excepción del título. El equipo técnico vuelve a hacer uso de la estructura jerárquica de la compañía para reunir a un selecto grupo de artistas con desarrolladores jóvenes, que en muchos casos afrontan aquí su primer gran proyecto. Es la línea de trabajo que sigue Square Enix desde hace largo tiempo, aunque no deja de sorprender el buen resultado que obtienen en prácticamente todas las apuestas arriesgadas que han visto la luz en Nintendo DS. Sin duda mucho le tiene que agradecer Yoichi Wada a este sistema el buen rendimiento que se ha logrado obtener de títulos como Dragon Quest IX, Final Fantasy IV o el propio The World Ends With You, que dentro de lo que cabe han devuelto parte del prestigio perdido en cuestión de divertimento y calidad.
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Puede que lo más curioso de esta historia se encuentre precisamente en el poco bombo que se le ha dado al lanzamiento del título en Japón, un suceso que tenía lugar a comienzos de la semana pasada logrando acumular un número más bien discreto de ventas. Circunstancia que, por otro lado, no se antoja tan inaudita si se compara con los últimos éxitos de la compañía en este mercado. Las cifras que ha reunido Blood of Bahamut son suficientes para justificar su aparición en occidente (si todo sigue el transcurso natural de estos acontecimientos), un hecho que bien debería agradecer el público de esta región por la calidad que atesora el cartucho en cuestión. Por primera vez desde hace bastante tiempo se puede hablar de una aventura realmente original que propone un sistema de juego completamente nuevo, que ya es decir.
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Sangre divina
Una ciudad anda a los lomos de un coloso que desde tiempo inmemoriales ha arrastrado a un sinfín de tribus que por motivos desconocidos han acabado plantando sus raíces en esta especie de islote flotante. No es el único que cuenta con unos atributos similares; otros siete Gigantes –nombre que reciben oficialmente en la aventura- también cuentan con unas prestaciones similares, si bien durante los últimos siglos apenas han dado un mínimo atisbo de movimiento. Duermen, descansan plácidamente hasta que un buen día, sin aviso previo, el más anciano de todos despierta de su letargo para amenazar al pueblo que ha albergado en su espalda. Es momento para que las tribus aúnen sus fuerzas en la lucha frente a este colosal adversario, que pronto pondrá a prueba nuestra capacidad en el terreno de combate.
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Dos son los soldados que parecen tener una determinación más aguerrida frente a lo que sucede; Ibuki y Yui son una pareja de hermanos que cuenta con el poder de la fe para combatir al enemigo. El primero es un joven de alrededor de veinte años que porta una contundente espada. Nadie puede cuestionar su valentía, tampoco su buen hacer en el combate, donde es capaz de transformarse en un imponente dragón blanco con el que asesta un ataque terminal al coloso de turno. La segunda, su hermana, es el contrario de la personalidad de Ibuki, siendo mucho más calmada, aunque en cualquiera de los dos casos la madurez en el comportamiento se aprecia claramente desde la primera toma de contacto con el argumento. Esta no es una historia arquetípica donde sólo importa el cómo y no el porqué; al menos su inspiración es mucho más exigente que esta típica convención manida.
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