Alguien está controlando la mente de los habitantes de Lunarvale. Es un grupo de estudiantes de un modesto instituto japonés el que se encarga de investigar los hechos que de súbito se suceden en un hospital. La vida está cambiando, la rutina ha acabado por desaparecer en un mundo que se ve amenazado por un enemigo invisible. Atlus vuelve a apostar fuerte por la filosofía en una historia que recoge la opera prima de Persona adaptándola a los tiempos que corren para beneplácito de la incipiente comunidad de aficionados que apoya esta franquicia.
El tiempo es la fuente más fiable para saber a ciencia cierta si el trabajo que realizas, sea cual sea, ha valido la pena. Los videojuegos tienen la mala costumbre de ser piezas de arte efímeras en la mayor parte de los casos, a excepción de alguna que otra ‘obra maestra’ cuya calificación atiende precisamente a la esencia imperecedera de la calidad que atesora. Si son o no palabras mayores definir Persona como una de las producciones de los últimos años en la vertiente del RPG japonés es una tarea que corresponde al tiempo, al resto de la competencia que todavía tiene que demostrar hasta qué punto ha hecho mella el concepto de juego que puso en liza Atlus, más concretamente el grupo de desarrollo R&D1, hace ya más de una década en puro albor del género en PlayStation.
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No hablamos ya del concepto generalista que los juegos de rol japoneses reciben por estos lares, ni de la omnipresente, casi inevitable, comparación con Squaresoft, sus títulos de culto y el impacto que supuso el cambio generacional en aquella época. De igual modo que los shooters han eclosionado durante la denominada ‘next-gen’, los JRPGs conocieron su momento de mayor auge a finales de la década de los noventa, aunque ya con esto nos desviamos casi sin quererlo del tema que hoy nos ocupa. El caso es que Atlus es una de esas compañías que han estado a la sombra durante demasiado tiempo en gran parte debido a las carencias presupuestarias que sufrió en sus comienzos. Curiosamente sólo Shin Megami Tensei, además de alguna que otra excepción puntual, fue capaz de hacerse un hueco destacado dentro del mercado japonés.
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Si tenemos en cuenta la clase de producto que ofrece la compañía, no es de extrañar que con el paso del tiempo la insistencia por innovar en el género se convirtiese en uno de los patrones que han movido la franquicia desde tiempos inmemoriales. Persona llegaba al mercado como uno de los muchos spin-offs del Megaten que pasaba con puntillas haciendo uso de un sistema de juego que combinaba a grandes rasgos el rol occidental con el oriental, para sorpresa de muchos. Existe otra característica fundamental en esta ecuación que radica principalmente en el esmero que el grupo de desarrollo ha puesto siempre en elaborar un argumento alejado de los clichés habituales a los que se enfrenta el género desde hace largo tiempo, un hecho que ha reflejado como pocos la incursión de Persona en PlayStation 2.
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Un pasado enigmático
Aunque para muchos la franquicia haya nacido prácticamente hace cosa de dos años, cuando la tercera entrega llegaba de forma asombrosa al mercado europeo, el spin-off por antonomasia de Shin Megami Tensei veía la luz por primera vez en 1996. En su concepto alberga todos los rasgos característicos de la serie principal con una leve –al tiempo que imprescindible- característica: la historia está protagonizada por un grupo de jóvenes que por un motivo u otro hacen acopio de un poder especial. No el de contar con técnicas ocultas, legado del pasado o cualquier otra zarandaja por el estilo, sino la capacidad de afrontar su propia personalidad para emplearla de forma útil contra el oscurantismo que inexplicablemente se desata en su ciudad natal. Las raíces más profundas de la franquicia, las más elementales, han vuelto a entrar en escena gracias a Devil Survivor en Nintendo DS, un título del que podremos hablar largo y tendido a finales de junio, cuando por fin haga acto de aparición por el mercado estadounidense.
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Por el contrario Persona, este remake del título original que en EE UU fue distribuido con el sobrenombre ‘Revelations’, llega a Japón con la premisa de dar a conocer al público japonés las raíces de la serie pese a no contar con un desarrollo tan trabajado ni contundente como el de las secuelas que aparecían recientemente en el mercado. La ópera prima de la franquicia, donde se inició esa profunda transformación del género, no fue precisamente un boom en cuanto a ventas se refiere, por lo que como suele suceder en estos casos se convirtió en un videojuego de culto que por desgracia pocos aficionados del género han tenido el placer de disfrutar en su contexto original, esto es, PlayStation. Aprovechado el tirón se ha retomado la aventura en PSP modificando el aspecto gráfico –mejores texturas, vídeos CGi modernos-, cambiando el registro sonoro –Shoji Meguro a la cabeza, con líricas de Yumi Kawamura- y alguna que otra novedad más que pasamos a descubrir a continuación.
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