Hubo un tiempo en el que encontrar conceptos innovadores y diferentes no era tan difícil, la creatividad y la experimentación brotaban en pequeños estudios que no necesitaban de las ingentes cantidades de millones que hoy en día se consumen para mantener encendida la caldera. Pero en la realidad, donde los videojuegos se están convirtiendo paso a paso en una de los grandes medios de entretenimiento global, las apuestas han subido y el conservadurismo se hace patente. Por eso es reconfortante que incluso desde una compañía con el peso y los recursos de Sony también ponga parte de esos recursos en impulsar títulos que compartan ese espíritu de innovación y creación de nuevas mecánicas de juego.

Echochrome es un título en el que se busca jugar con el concepto de representar espacios tridimensionales en planos bidimensionales y la forma en la que se pueden engañar a nuestras percepciones con objetos imposibles y perspectivas irregulares -los que hayan observado trabajos de MC Escher conocen bien esos conceptos-. Ciertas formas geométricas en su representación gráfica adquieren forma de objetos que no pueden existir en la realidad, aunque nuestro sistema visual insista en darles sentido sin éxito. Algo de eso sirve para explicar el tipo de juego que se pretende montar aquí, en el que se busca manipular espacios tridimensionales para alterar la "realidad" que aparece en pantalla en tu provecho.

Como todo buen puzle, la idea es muy básica: en un escenario simple hay figuras geométrica dibujada de forma ambigua, con líneas simples y sin superficies sólidas, de esta forma se obtiene el efecto deseado que engaña a nuestras percepciones. Al cabo de unos segundos aparecerá una figura humanoide -un homenaje al famoso cuadro de Escher, Relatividad- y comenzará una inexorable marcha como si fuera un Lemming cualquiera; el objetivo es rotar la perspectiva de forma que la figura llegue sana y salva hacía su destino.

Hay varios ejemplos que sirven para ilustrar este original planteamiento. En las superficies hay agujeros por los que puede caer la figura, pero rotando la perspectiva es posible poner la superficie de modo que ese agujero deje de verse y si no se ve, según las reglas del juego, no existe, por lo que el muñeco puede seguir caminando normalmente sobre esa superficie. Otras posibilidades incluyen encontrar ángulos en los que las formas queden de forma en la que el muñeco pueda pasar de un extremo a otro para luego cambiar la perspectiva, trasladándolo así a una diferente porción del escenario para la que no había un camino aparente. Las diferentes formas que se pueden alcanzar modificando la perspectiva es realmente sorprendente y permite puzles con un potencial extraordinario -y también muy complejos-.
