Entre el camino del olvido y de lo celebérrimo, entre Rush 2049 y World Driver, entre un lanzamiento mundial y una cadena de videclubs, o entre la espada y la pared. Vamos, que la penúltima incursión de Boss Games en la consola que vió nacer su valuarte del automovilismo ha sido un auténtico fetiche de la exasperación, de la poca planificación, y de lo duro que puede llegar a ser compartir ideas con otros programadores.
Ese ha sido precisamente el mayor de sus pecados; surgir en el momento equivocado y en el lugar inoportuno.
Hace poco más de dos años, Boss Games, quien ya aviso de su increíble potencial cuando la consola requería un cartucho de velocidad, creó por fin algo tan sólido que podía sostenerse en las manos sin fundirse a la semana. WDC supuso el acortar distancias entre el mercado de la conducción de Nintendo 64 y Playstation, un juego en el que se daban cita calcos de carrocerías reales, diez circuitos, varios tramos que se iban añadiendo al tiempo de nuestras progresiones, y lo más importante y hasta el momento asignatura pendiente de todo lo previo; una realización gráfica estupenda. Ello supuso que Midway se afianzara como la distribuidora de todo el ingenio en próximos proyectos de la desarrolladora nipona.
Sin embargo, los caprichos del destino hicieron que esa promesa de nombre SR3K se pareciera como dos gotas de agua a la tercera entrega de la saga de San Francisco y sus incombustibles bólidos.
La primeros datos que se dieron parecían indicar que, o bien se replanteaba el desarrollo, o eso quedaría erradicado de la lista de lanzamientos de la por el momento, responsable de que aquello fuera a buen puerto. Aunque a pesar de todo, la cosa no parecía ni moverse. Ninguna de las dos partes se puso manos a la obra para a retocar o replantear alguna estrategia que dejara hueco para las dos obras en el mercado. Como narró Cela, es la crónica de una muerte anunciada.