Dicen que todo comienzo tiene un final. Y por muy evidente que suene, esto se cumple siempre a rajatabla. Hace un par de semanas que Spidey analizó para vosotros el comienzo de la empresa Topo Soft, de cómo se engendró a partir de la distribuidora Erbe Software, y de sus primeras andanzas, éxitos y fracasos. Hoy, una vez más, se cumple aquella regla de oro; Topo siguió haciendo juegos, unos con más suerte que otros, hasta que se topó –valga la redundancia- con el ocaso de los 8 bits y corrió idéntica suerte que sus contemporáneas. Y hoy seré yo, Pedja, el que comente y destripe sus juegos, mientras que Spidey se encargará de charlar con el alma mater de Topo, Gabriel Nieto.
En la producción lúdica de Topo que hoy repasaremos, vamos a encontrar de todo un poco: desde arcades que quieren competir con la masificación del género en aquella época, hasta videoaventuras de corte clásico, pasando por sonadas licencias de obras famosas de la literatura y del celuloide. El comienzo de la década de los 90 va a hacer que Topo se decida a cambiar el chip y comiencen a tomar como base las versiones para ordenadores de 16 bits; por suerte, seguían versionando para sistemas de 8 bits con programas cuya calidad técnica no tenía nada que envidiar a las de sus "mayores".
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La recta final de Topo estuvo marcada por un desarrollo prácticamente exclusivo para PC, una vez que la idea de que cada españolito de a pie disfrutara de un ordenador compatible en su casa dejara de ser una quimera. Fueron los últimos coletazos que nos dejaba Topo, capaz de no dejar indiferente a nadie, que podía gustar o no en su política de lanzamiento de juegos, pero a la que nadie podemos negar que fue la primera compañía de software de nuestro país en llevar a cabo un buen puñado de arriesgados proyectos. No me cabe duda de que muchos de sus logros siguen siendo, hoy día, un reluciente espejo donde cualquier desarrollador español desee mirarse.