“Confío en que sabrá disculparme por no acompañarle,
pero yo ya he cenado. Y jamás bebo... vino”.
El conde Drácula.
Vlad Tepes, Lilith, Kali o Carmilla. Desde hace generaciones el mito del vampiro ha formado parte de nuestra historia. Historias macabras, de venganza y maldición sobrevuelan el oscuro mundo de los vampiros. Con el tiempo el mito vampírico ha evolucionado hasta la sensual visión actual que la sociedad tiene de estos seres imposibles. Desde Sumeria a nuestros días se han asentado en nuestra cultura popular. Sangrientos, seductores y fascinantes no han podido resistir la tentación de conquistar nuestras manipulables mentes también a través de los videojuegos.
Tres eran tres. Vampiros, zombis y hombres lobo. La Santísima Trinidad de la cultura popular –ahora en Meristation sólo queda hablar de hombres lobo, puesto que ya tenemos un fantástico reportaje sobre zombis de Ramón Méndez, “Los zombies se han comido a mi perro”-. Sobre estos tres mitos se ha ido asentando durante las últimas décadas el terror y lo paranormal. Como si formaran un ejército imaginario en una realidad paralela, estos tres iconos “underground” han hecho mella en la mente de la sociedad durante generaciones. Las leyendas orales, la literatura, la música, el cine y los videojuegos han servido de canal para satisfacer a todos los que disfrutamos de historias imposibles.
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Nada mejor para empezar que realizar un pequeño repaso a la historia del mito, desde sus orígenes en milenarias civilizaciones hasta su explosión en la vieja Europa de la edad media y moderna en los siglos XVIII y XIX. Los primeros datos obtenidos sobre personajes similares a los actuales vampiros se ubican en la civilización de Sumeria -recreada grotesca y acertadamente en Clive Barker’s Jericho- y el antiguo Egipto. Realmente la primera referencia histórica que apuntaba directamente a los vampiros se encuentra en la obra literaria del romano Lucio Apuleyo. En su obra El asno de oro se hace referencia a la sed insaciable de sangre humana de ciertas personas para mantener su alma.
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Quizá las leyendas más importantes sobre el origen del mito vampírico recae en la personificación de Lilith -o Lilitu en el antiguo Egipto-, primera y poderosa mujer de Adán, que es finalmente repudiada por Dios ya que se alimentaba de la sangre de los niños. Quizá este sea el modelo más utilizado de cara a la simbolización del vampiro seductor y con un marcado carácter sexual que posteriormente se ha ido utilizando en la ficción. Se puede decir que casi todas las culturas a lo largo de la historia poseen historias que podrían encajar perfectamente bajo la definición de vampiro –Kali en la India, Lamia en Grecia o las Meigas-Chuchonas en Galicia y Asturias-.