Okamoto dotó a su proyecto de unos gráficos más que espectaculares para la época, apartado que destacaba sobremanera gracias a sus sprites de enormes dimensiones extraordinariamente animados. El proyecto se alejaba cada vez más del Street Fighter original, hasta el punto de no tener nada que ver con él salvo el ligero parecido de uno de los protagonistas con Ryu. Finalmente, el nuevo juego se desvinculó totalmente de la franquicia SF, cambió su nombre de Street Fighter ’89 a Final Fight y cosechó un enorme éxito. Éste título, junto a Golden Axe (Sega, 1989), supuso el punto de partida para la edad de oro de los beat ’em ups bidimensionales. Pero Capcom no quería desechar la idea de dar continuación a aquel primer Street Fighter.
Su siguiente intento es sin duda el gran desconocido de la saga, además de todo un despropósito sin pies ni cabeza. Eso sí, la culpable de que hoy en día Street Fighter 2010: The Final Fight (Capcom, 1990) sea considerado por muchos como título perteneciente a la franquicia es Capcom USA, quien cambió el nombre del protagonista del juego (Kevin Striker) por el de Ken Masters, para que así el título gozara de mayor popularidad, al tiempo que inventaba una bizarra historia en la que Ken, 23 años después de los acontecimientos narrados en Street Fighter, se convertía en un científico que descubría una fórmula que daba fuerza sobrehumana. Tal y como suele pasar siempre que alguien descubre una fórmula que da fuerza sobrehumana, acaban robándole el invento, por lo que Ken, ni corto ni perezoso, emprende una odisea para cazar al ladrón en un juego clásico de acción bidimensional con reminiscencias a Strider o Bionic Commando.
 |
Afortunadamente, tras tanto desbarajuste, dos grandes espadas de Capcom, Akira Nishitani y Akira Yasuda (más conocido por los aficionados a las históricas recreativas de Capcom como Akiman), retomaron la idea original de programar una verdadera secuela de Street Fighter; y ésta llegó en marzo de 1991 con el título, esta vez sí, de Street Fighter II. El resto, como suele decirse, es historia.
Llega la fiebre Street Fighter II
Capcom conservó a cuatro personajes del juego anterior (Ryu, Ken, Mike Bison –renombrado en occidente como Balrog- y Sagat) y diseñó todo un plantel de nuevos luchadores, cuidando de que existieran grandes diferencias entre ellos al tiempo que eran dotados de un marcado carisma. De los doce personajes que finalmente harían acto de aparición en la recreativa, Capcom decidió permitir que los jugadores pudieran seleccionar a ocho de ellos, característica que se convirtió en una de las claves del tremendo éxito del juego.

El género de la lucha versus nunca había sido muy popular entre los jugones, debido sobre todo a las que fueran sus principales limitaciones: partidas muy cortas en comparación con otros juegos, las cuales se tornaban muy repetitivas al tener un único luchador bajo nuestro control. La posibilidad que en Street Fighter II se nos brindaba para poder seleccionar a ocho personajes en total, perfectamente diferenciados en cuanto a aspecto y técnicas, otorgaba una nueva dimensión al género, haciéndolo tremendamente competitivo en partidas a dos jugadores al tiempo que profundo y longevo en las partidas monojugador.
 |
De Street Fighter I se rescató el sistema de juego que usaba seis botones de ataque, así como la posibilidad de ejecutar técnicas especiales mediante combinaciones de movimientos con el joystick. Un apartado gráfico de infarto, con gigantescos personajes perfectamente animados moviéndose en entornos repletos de vida y detallados al extremo; unas melodías pegadizas que a día de hoy siguen siendo indiscutiblemente las mejores de la saga; un impactante apartado sonoro y una jugabilidad simplemente perfecta hicieron el resto. La popularidad de la recreativa subió como la espuma a los pocos días de ser lanzada al mercado; los parroquianos de esos añorados templos del ocio interactivo llamados salones recreativos comenzaron a formar grandes colas en torno a la máquina, ansiosos por pulirse la paga semanal en tan espectacular juego. Los beneficios no tardaron en llegar. Street Fighter II se convertía en la máquina que más dinero generaba en las salas arcade, empujando a los dueños de estos locales a adquirir la placa a toda costa, a pesar de que la inmensa mayoría de ellos no contaban con el mueble ideal para albergarla.
