Si existe algo del mundo de los videojuegos que nos hace quererlos por encima de cualquier medio de ocio alternativo, eso es la sensación de tener entre manos uno de esos títulos que, sin exagerar un ápice, todos los aficionados sin excepción esperan. Tocar, desprecintar, introducir el disco en el lector de la máquina...Y jugar. Sí, Grand Theft Auto IV ya está entre nosotros, y lo hace a lo grande: multiplataforma, exprimiendo de forma envidiable el hardware de dos máquinas que ya nunca serán las mismas tras el desembarco de Niko Bellic en tierras americanas. GTA IV es una realidad, y la actual generación se ha matizado casi por completo.

Técnicamente: el equilibrio perfecto
La llegada a Liberty City a bordo de un carguero de ese emigrante yugoslavo ya ha entrado en los anales de la historia del sector, una escena que supone el arranque de una grandísima historia, y que además, precede a un alarde visual que deja claras las excelencias técnicas de esta generación. Una vez nos bajamos del barco, conduciremos un coche que nos llevará a nuestro cutre apartamento propiedad de Roman, el primo de Niko. Tras las típicas explicaciones sobre el funcionamiento del juego, empezamos a manejar "de verdad" a Niko, pudiendo hacer todo aquello que esté a nuestra disposición.
La primera salida a Liberty City enseña las dos caras de GTA IV a nivel técnico que consiguen el equilibrio perfecto; una que enseña el colosal tamaño de Liberty City, que parece no tener fin, y que lleva a la última expresión la famosa premisa "El límite lo ponen tus ojos"; la otra cara es la que puede llegar a decepcionar -puede llegar, sin llegar a conseguirlo por supuesto-, y es que para mostrar este enorme mapa, el juego se permite ciertas licencias técnicas, presentes en ambas versiones.

Xbox 360 PlayStation 3
Efectivamente, GTA IV no goza en su representación de Liberty City de una ejecución perfecta. Para empezar, el texturizado es irregular, mostrando una sucesión de texturas de un nivel bastante alto, y entremedias, otras a muy baja resolución, excesivamente planas. Del mismo modo, esta "irregularidad" afecta también a la representación de los personajes: los principales gozan de un nivel de detalle sorprendente, los secundarios, o quizás, los "anodinos", no llegan al nivel de detalle de los primeros y no consiguen sorprendernos en casi ningún momento, salvo por el buen hacer de Rockstar, que al menos se ha preocupado de que tengan la suficiente variedad para que los paseos por Liberty City no se conviertan en una sucesión de clon tras clon.
En otro orden de cosas, aparte del detalle técnico en general, también destacan otras lacras gráficas típicas de este tipo de juegos: el popping, que sin ser exagerado, sí hace acto de presencia en determinados puntos, sobre todo cuando la línea del horizonte es demasiado pronunciada; el flickering, presente en la proyección de determinadas sombras sobre el escenario; bajones puntuales en el framerate cuando coinciden al mismo tiempo varios elementos en pantalla; el famoso filtro AA, cuya presencia (o ausencia) no es lo suficientemente poderosa para evitar esa sensación de saturación en pantalla -aunque en este punto sí existen diferencias entras las versiones-.