La verdad es que uno no sabe por dónde comenzar cuando habla de las salas recreativas de Japón. Un buen comienzo sería presentároslas. Aquí reciben el nombre de “Game Centers” (Centros de ocio, más o menos), o “Gueem Sentaa”, que es la manera como los japoneses lo pronuncian (creo que próximamente voy a deleitaros con un artículo acerca de la relación de amor-odio del idioma inglés y el japonés). En estos centros, aparte de encontrar las típicas máquinas recreativas que podemos encontrar en cualquier parte del mundo, nos toparemos también con toda una maraña de artilugios inclasificables que hacen las delicias de los que se adentran en sus dominios.
Podemos clasificar los centros, según su tamaño, en 3 categorías: los de barrio (que suelen albergar entre sus paredes a auténticas joyas de coleccionista retro), los de distrito, mucho más grandes y con muchas máquinas nuevas, que se van cambiando según van apareciendo novedades, y, finalmente, tenemos los macro-centros (siempre teniendo en cuenta que en este país todo es pequeño), patrocinados habitualmente por alguna marca del sector (Sega, Namco, Taito, etc) y que contienen lo más de lo más en cuanto a entretenimiento electrónico se refiere.
De estos últimos toda ciudad que se precie tiene al menos un par para deleite de sus ciudadanos más juguetones. Todos comparten características comunes, como la de ser multi-nivel (tienen varias plantas o pisos), y la de que sus máquinas están agrupadas por categorías; los videojuegos a un lado, las tragaperras a otro, etc.
Y aquí es cuando me toca hablaros de qué hace diferente a estos centros de los del resto del mundo, y por qué son tan especiales. Primero, porque podemos encontrarnos con uno casi en cada esquina. Sé que suena exagerado, pero es así. Los japoneses necesitan más que nadie en este mundo desconectar del trabajo de los estudios. El estrés está a la orden del día en el vivir cotidiano. Por lo que se ha creado todo un mundo comercial dedicado al ocio. Un mundo más grande que en ningún otro lugar. Segundo, por la variedad de contenidos.
Uno puede encontrar desde máquinas de matar marcianos hasta la última locura bailonga de Konami. Desde máquinas para apostar, hasta cooperativas donde lo más importante es divertirse. En fin, que cuando entramos en uno de estos reinos del entretenimiento, podemos estar seguros que encontraremos algo que nos guste y con lo que nos pasaremos horas y horas disfrutando como locos. Garantizado. Y por último, aunque no menos importante, el ambiente que se respira es, por lo general, más “sanote” del que podemos ver en occidente. Es como más familiar. Es un lugar de reunión donde los jóvenes y no tan jóvenes pasan sus ratos libres, charlando de sus temas preferidos mientras beben un té u otra bebida, esperando su turno para jugar a esa novedad tan ansiada.
Mención aparte merecen otro tipo de máquinas que también contribuyen a hacer nuestra estancia más agradable. Me estoy refiriendo a las máquinas de vending. En ellas podremos encontrar desde helados hasta bedidas frías o calientes, pasando por crepes, aperitivos (occidentales, como chocolatinas, o totalmente japoneses, como galletas de arroz), etc. Todo lo imaginable y que se pueda consumir está en estas máquinas. Cuenta una leyenda urbana que hay una máquina de vending por cada diez habitantes en Japón. Y a fe mía que es verdad. Se puede encontrar una máquina de estas características cada 50 metros. El hecho de que apenas haya vandalismo y que los japoneses son las criaturas más consumistas de este santo planeta ayudan a explicar el fenómeno.