Pocos, muy pocos personajes de la industria del videojuego llegan a convertirse en leyendas. Por todo lo que este avilesino hizo en vida ya se merece subir al podio de los grandes mitos. Miremos al cielo y saludemos al maestro, a la leyenda… a Paco Menéndez.
Hoy casi tendría los cuarenta años… pero desgraciadamente, Paco Menéndez nos dejó hace ya algún tiempo. Tras él ha dejado un rastro de buenos momentos, una estela en la que sus más allegados atesoran recuerdos de su persona que perdurarán gracias a su humildad y encanto. Y también dejó su huella en formato digital, tras una sucesión de “ceros y unos” transformados en el mejor regalo que un programador podría hacer a los adictos al mundo de los videojuegos.
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| Paco Menéndez posando para la revista Amstrad Sinclair Ocio, en 1989 |
Se puede decir que, como programador de videojuegos, Paco Menéndez no se prodigó demasiado, pero de lo que no cabe duda es de que sus trabajos son piezas clave dentro del mundo del software lúdico español. Y más aún, auténticas obras maestras que, a día de hoy, han envejecido maravillosamente, conservando la práctica totalidad de las virtudes que en su momento las consagraron.
Es por ello que, tras realizar “Fred”, “Sir Fred” y “La Abadía del Crimen”, Paco Menéndez subió a ese podio de los grandes que pocos (por no decir ningúno) programadores españoles han llegado a pisar. Sí, y así es como pensamos muchos… a la altura de Jon Ritman o de sus idolatrados hermanos Stamper, Paco Menéndez, con toda la humildad que le caracterizó en vida, se encontraba entre los más grandes.
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| Paco Menéndez, joven genio en su adolescencia |
Curiosamente, y precisamente cuando su carrera se encontraba en su punto más álgido, digamos que más o menos en 1987, tras publicar “La Abadía”, Paco anunció que se retiraba del negocio de los videojuegos. El por qué de esa decisión se encontraba, tal y como lo veía él, en la industrialización progresiva de este medio, en la que ya no contaba apenas el programa en sí, sino el marketing, la publicidad y la carátula del programa. Así pues, y habiendo acabado su carrera de Telecomunicaciones, con su apasionado afán por la investigación se puso manos a la obra en un proyecto de procesamiento de datos en paralelo.