REPORTAJE Quien más, quien menos, todos conocemos ya "Seven" pero ¿será realmente el fin del vetusto Windows XP? Entre el éxito de XP y el fracaso de Vista, W7 busca su propio espacio.
Por: Alberto Parra
Tan sólo tres años han pasado desde el lanzamiento de Windows Vista, y ya tenemos un nuevo Sistema Operativo por parte de Microsoft, es Windows 7. Un instante. ¿Nuevo? Cabría decir que más bien no. La idea que se ha ido extendiendo en los últimos meses de que Windows 7 es una versión renovada de Vista no está nada desencaminada. Y no es que eso sea malo. Con Windows Vista, Microsoft introdujo una gran serie de cambios técnicos, visibles y no visibles, que eran necesarios y acertados. El sistema de controladores era nuevo, se ocultaron los pantallazos de cuelgue ya “clásicos” de Windows (que no el cuelgue en sí, todo sea dicho), se aportó seguridad y accesibilidad y la arquitectura del sistema sufrió cambios considerables, más allá de lo que el usuario acabó percibiendo.
Sin embargo, Vista nunca ha llegado a ser bien recibido. Es esa percepción negativa del usuario, más o menos justificada, la que ha llevado a Microsoft a adelantar sus planes y acelerar la llegada del nuevo Mesías. Claro que, si Windows 7 es en gran parte un trabajo realizado sobre Windows Vista, ¿de qué modo va a cambiar esa percepción negativa? Para empezar, tres años extra de pruebas, de cambios, de mejoras en el rendimiento. Tres años que según la Ley de Moore permiten un parque de PCs que ahora sí puede estar a la altura. Se ha mejorado el aprovechamiento de RAM, si bien no todo lo deseable. Las compañías han desarrollado y optimizado sus controladores para la nueva plataforma. Los cambios, aunque sea en la sombra, añadidos en Vista, avanzan otro paso calladamente.
Y el usuario, ahora con un ordenador tres años más potente, siente como se despliegan ante él ventanas de comportamiento inteligente, una barra de tareas nueva, o una búsqueda en el inicio que funciona. Además, se ha eliminado la molesta insistencia de las ventanas de aviso, quizá la “excusa” más usada por los contrarios a Vista. Pero sobre todo, ahora se percibe una respuesta ágil del sistema tal y como cabe exigir. Unido a la posibilidad de deshacernos más fácilmente de Widgets molestos, esos avisos desesperantes del UAC, la posibilidad de desinstalar Internet Explorer completamente y algún cambio menos vistoso, parece que finalmente vemos la luz al final del túnel en el que entramos con Vista.