Son numerosos los nombres que han dado forma a la historia de los videojuegos, tanto de compañías como de grandes genios de la industria. No obstante, hay un enfrentamiento clásico que perdura más allá de todo cambio generacional: el de Nintendo y Sega. Por más que ambas compañías nos intenten convencer de sus buenas relaciones, incluso mostrándonos sus colaboraciones en algunos títulos importantes, la rivalidad permanece latente en todo aficionado a los videojuegos que haya vivido aquella época. Ambas compañías fueron los estandartes de una generación y de una época dorada de los videojuegos, el inicio del boom en el que se han convertido ahora a nivel internacional.
La intensidad de su enfrentamiento fue algo inolvidable, marcando tendencia a varios niveles: NES contra Master System, SNES contra Mega Drive, Game Boy contra Game Gear. Pero a partir de la generación de los 32 bits, las cosas fueron cambiando, y mucho, en el panorama internacional de los videojuegos. Resulta curioso que dos de las tres grandes que perduran hoy en día estén ahí porque las dos eternas rivales niponas las introdujeron; Nintendo estuvo colaborando con Sony en un lector de CD para SNES que acabaría convirtiéndose en la primera PlayStation, mientras que Sega colaboraría con Microsoft en la Dreamcast (creando su sistema operativo, una versión optimizada de Windows CD que soportaba DirectX). Precisamente esta última es la máquina de la que queremos hablar hoy, ya que cumple su décimo aniversario desde el lanzamiento europeo el 14 de octubre de 1999.
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Parte del enfrentamiento entre Sega y Nintendo se reflejó en los esfuerzos por superar a la rival, y no sólo en el terreno del software, sino también en el del hardware. Es bien conocida la política de la compañía del erizo azul, que lanzó varias versiones de Master System y Mega Drive, y potenciaría esta última con el Mega CD y el Mega Drive 32x. Sin embargo, el intenso desembolso económico de estos accesorios pesó bastante sobre Sega, dado que no tuvieron la gran acogida de mercado que necesitaban, en parte por el inminente lanzamiento de Saturn. El público, temeroso de que se volviese a repetir la tendencia de infinidad de accesorios para potenciar la máquina, se mostró receloso a la hora de hacerse con la máquina de 32 bits de Sega, pese a la gran calidad de muchos de sus títulos.
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Dado que Saturn era incapaz de despegar en ventas, y con la presión de la supremacía que estaba ejerciendo la PlayStation de Sony en el mercado ante sus rivales, Sega decidió dar un paso adelante y lanzar la primera máquina de la sexta generación de consolas. No escatimó recursos a la hora de dar forma a Dreamcast, una máquina potente como pocas en la época, con un catálogo de títulos imponente y con importantes innovaciones que marcarían el futuro de los videojuegos. El 27 de noviembre de 1998 saldría en el mercado japonés, seguido de distintas fechas bastante dispares según el territorio (siendo la más peculiar el 9/9/99 del estreno Norteamericano), pero siempre un año después del lanzamiento en su país de origen. Sin embargo, su vida no fue demasiado longeva, ya que en marzo de 2001 Sega decidió abandonar el sistema.
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Fueron 10’6 millones de consolas vendidas en un lapso de tiempo más que aceptable, pero los números rojos de la compañía nipona eran una carga demasiado pesada como para poder seguir apoyando una plataforma que debía enfrentarse ahora a una PlayStation 2 que arrasaba en ventas desde el primer día. Pero esos más de diez millones de usuarios no querían ver morir a su consola, una de las más queridas de todos los tiempos, y de hecho seguiría apoyándose la plataforma hasta el año 2006 en Japón, y aún recientemente se anunció un nuevo juego para la misma. Incluso juegos cancelados que no llegaron a ver la luz se filtraron a la red, gracias a distintos grupos. Dreamcast es una leyenda del mundo de los videojuegos, y no sólo por el legado que nos ha dejado a todos los niveles en las plataformas actuales, sino también por su gran catálogo y por una fiel base de usuarios.