En Alone in the Dark, el -quizás demasiado- polifacético Edward Carnby se enfrentó a un seguidor de La Cabra Negra del Millar de Retoños en la misteriosa mansión Derceto; en Call of Cthulhu: Dark Corners of Earth, el mentalmente desquiciado Jack Walters descubrió que pertenecía a una raza extraterrestre durante sus periplos por la antigua ciudad de Innsmouth; en Prisoner of Ice, un joven agente estadounidense halló lo que se esconde en las montañas antárcticas...

Estos tres videojuegos giran alrededor del miedo a lo desconocido, a lo indecible... a lo que acecha en los abismos infinitos del espacio. Sus protagonistas se tornan cada vez más paranoicos y emocionalmente inestables conforme descubren lo que se oculta tras el velo de aquello que incrédulamente conocían como "realidad". Al final de sus caminos aparece la única y terrible verdad: la humanidad es sólo una pequeña parte de un universo infinito habitado y dominado por seres extraterrestres imposibles y grotescos. La locura se convierte en la única salida para los desafortunados héroes tras descubrir que son meros títeres a merced de la caprichosa voluntad de estas titánicas abominaciones. Damas y caballeros: bienvenidos a la morada del horror cósmico, pieza clave de la literatura de principios del siglo XX y fuente de inspiración para multitud de videojuegos de terror.

Para demostrar la incidencia de este género literario en el mundo de los juegos, realizaremos un peligroso recorrido por las aventuras que más se han inspirado en el horror cósmico. Pero antes, conoceremos brevemente a Howard Phillips Lovecraft, creador de este tipo de terror, con el propósito de ponernos en contexto y así poder descifrar los secretos que se esconden tras los cinco juegos a comentar. Adelante pues; descendamos por los túneles arcanos hasta llegar al corazón de la mismísima oscuridad, donde será inevitable evocar aquella cita de El Cuervo, poema de Edgar Allan Poe, que aparecía en el inicio del videojuego Eternal Darkness: Sanity´s Requiem:
Escrutando hondo en aquella negrura
permanecí largo rato, atónito, temeroso,
dudando, soñando sueños que ningún mortal
se haya atrevido jamás a soñar