En la primera parte de esta guía intentamos explicar qué es y qué conlleva la actual migración hacia la Alta Definición. Luego continuamos describiendo un elemento imprescindible de cara a disfrutar de ella; las pantallas, ya sean plasmas o LCDs, capacitadas en mayor o menor medida para reproducir una señal de estas características.
En esta segunda parte pasamos a describir el segundo elemento fundamental a la hora de hablar de Alta Definición: Los distintos reproductores y soportes capaces de ofrecernos la señal HD que luego reproducirán aquellas pantallas. Hablaremos de los incipientes reproductores Blu-Ray y HD-DVD, las ventajas e inconvenientes de cada uno y la dura lucha entre ambos a la que vamos a asistir en los próximos meses (¿años?). También hablaremos del resto de posibles emisores de una señal HD; las propias emisiones de televisión (cable, satélite, ADSL), grabaciones particulares y, por último, las consolas de última generación, auténtica avanzadilla en una batalla de formatos que sin duda va a ser muy cruenta.
Entre el reproductor y la pantalla; el reescalado.
Si bien la importancia del reproductor y de la pantalla HD son evidentes, existe un proceso intermedio cuyo correcto funcionamiento es tan determinante o más que el resto de las prestaciones del hardware y que nos suele pasar desapercibido; hablamos del “reescalado”, nombre que recibe el proceso de adaptar el formato de la señal original al formato final que vamos realmente a ver.
Como explicamos en la primera parte de la guía, las condiciones ideales para disfrutar de la Alta Definición es contar con una fuente de alta definición, pongamos un disco Blu-Ray True HD de 1920x1080, un reproductor Blu-Ray con el suficiente “caudal” o bit-rate para reproducir esa señal holgadamente y, por último, un monitor con una resolución suficiente para reproducir esa señal en su formato original; 1920x1080. Todo ello partiendo de que sólo usamos conexiones digitales y que no hay ninguna “traba” del tipo software de protección anticopia. Condiciones ideales que no se producirán en la mayoría de los casos…
Normalmente habrá algún desajuste sobre la anterior configuración, principalmente una diferencia entre la resolución de la señal original y la de la pantalla donde se muestra. En esos casos nuestro hardware deberá “transformar” la señal reduciendo o aumentando su formato para adaptarlo a la pantalla donde se va a mostrar, deberá “reescalar” esa señal. El reescalado se puede producir sólo en el número de píxeles que forman la imagen o además también en su formato de presentación (16:9, 4:3).
Incidimos tanto en la importancia del reescalado porque es este proceso el mayor culpable del problema que tienen ahora mismo todos los poseedores de una pantalla de gran formato: sencillamente se ven mal. Personalmente me resulta muy violento cuando algún conocido me enseña su nueva adquisición en forma de plasma de 42” y me dice: “¿Qué? ¿Qué tal se ve?”… Pues mal… se ve mal. Dudo que sea la única persona que es capaz de apreciar pixelaciones, aberraciones en la imagen, “ghosting” o difuminado de los bordes… Y evidentemente no es problema del brillo o el contraste, que al parecer es lo que más interesa cuando te intentan vender un plasma. Siempre lo resuelvo diciendo que la pantalla no demostrará de lo que es capaz hasta que no la permitamos mostrar una señal de mayor calidad, lo cual es totalmente sincero.