Eterna juventud El Banjo original llega a Xbox Live Arcade. Es el momento de revivir grandes plataformas, piezas de puzzle difíciles de conseguir, un mundo colorido lleno de personajes carismáticos y un inolvidable sentido del humor. Pese a las ligeras marcas que deja la edad, Banjo sigue siendo tan gran juego como siempre.
Ha pasado una década desde que el bueno de Banjo hiciese su gran debut en el mundo de los videojuegos, y hace apenas un mes asistíamos a su regreso a las andadas en una tercera entrega muy diferente a lo que nos tenía acostumbrados el oso de Rare. Pero el estudio británico sabía bien que el nuevo enfoque de la franquicia no sería bien recibido por todos, y es por eso que, en las pantallas de carga de Baches y Cachivaches, nos incitaba a comprar el Banjo original en Xbox Live Arcade si preferíamos plataformas puras, sin vehículos. Algo más tarde de lo que esperábamos, pero por fin está entre nosotros el juego que había llegado a hacerse un hueco pese a competir con Mario 64.
Calidad no le faltaba, en su llegada al servicio de descargas de Xbox 360 no ha perdido ni un ápice de su encanto. Eso sí, hay que reconocer que el tiempo no pasa en balde, y hay unas cuantas características que se resienten sensiblemente tras el tiempo transcurrido. No en vano, se notan las diferencias entre un título que explotaba el potencial de Nintendo 64, y ese mismo título que se adapta a una máquina mucho más potente y con la siempre exigente alta definición. Rare ha hecho algunos ajustes para que el cambio no sea tan pronunciado, y lo cierto es que se nota el buen trabajo realizado en un muy buen juego de plataformas.
Banjo al rescate La historia nos cuenta cómo la bruja Gruntilda quiere ser la más bella del reino. De hecho, se encuentra ante su caldero mágico con la esperanza de que este le diga que es ella, pero el pobre no puede sacarse de la cabeza a la joven y bonita hermana de Banjo. La bruja, en pleno arrebato de maldad, va a secuestrar a la joven, algo que acontece justo delante de la casa de Banjo, aunque este no se entera de nada porque tiene un sueño muy profundo. La intención de Gruntilda es la de intercambiar su cuerpo con el de la pequeña osa, y para tal fin se meten ambas en una máquina dentro del castillo de Gruntilda.
El bueno de Banjo, y su buena amiga Kazooie, se lanzan a rescatar a la hermana pequeña del oso. Empezarán su camino en Montaña Espiral, donde aprenderán todos los movimientos básicos con la ayuda de su amigo el topo Googles. Será este quien arregle el puente que conduce al castillo de Gruntilda, una grotesca montaña con la forma de la cara de la bruja, cuyo interior no es mucho mejor, repleto de zonas incoherentes y con lo que parecen accesos a prácticamente todos los lugares del mundo, desde playas hasta bosques, pasando por pantanos o montañas heladas. Banjo y Kazooie deberán recorrerlo entero hasta llegar a la máquina en la que se encuentran la hermana y la bruja en pleno proceso de transmutación.
La mecánica del juego será la ya conocida por todos, un sistema de juego que era clásico hace una década, basado en la recolección de objetos para abrir y acceder a nuevas zonas del juego. En ese aspecto, Banjo es de los que más cosas a recoger nos ofrecen: necesitaremos piezas de puzzle para completar los cuadros, lo cual nos permite acceder a nuevos mundos; necesitaremos notas musicales para abrir nuevas puertas del castillo, con las que podremos acceder a esos nuevos mundos; necesitaremos calaveras para que Mumbo nos transforme y poder conseguir complejas piezas de puzzle; cinco pequeñas criaturas de colores por mundo; huevos que usará Kazooie como arma; plumas rojas y doradas; etcétera.
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Debería estar prohibido puntuar estas joyas atemporales. Es una frivolidad reducir a una triste nota al que fue uno de los mejores plataformas de la época (y que actualmente aún se encuentra entre los plataformas 3D más divertidos que podéis encontrar).
Una adquisición obligada para cualquier amante de la industria que no lo haya podido jugar todavía, y la prueba irrefutable de que ya no se hacen juegos como los de antes. Y aunque a nivel técnico fue de lo más vistoso que disfrutamos en su momento, a día de hoy lo que sigue sorprendiendo es el magistral diseño de sus fases, y lo bien ajustada que está su curva de dificultad.
Banjo-Kazooie es una lección para los desarrolladores modernos: nos recuerda lo bien que pueden hacerse las cosas y nos ayuda a constatar que el esfuerzo no sólo hay que ponerlo en el apartado técnico.
desde luego este juego no merece el que la gente no lo vuelva a jugar o lo juegue por primera vez... un hito de los videojuegos, de lo mejor que se ha programado en años... una delicia jugable, y entretenido a mas no poder...
una pena lo de la traducción y los bajones de frames que hay en momentos puntuales, por lo demás... una delicatessen videojueguil en toda regla...
y a ver si alguien me puede decir donde pillarme las soluciones del final del juego de mesa con la bruja que al estar en ingles no entiendo ni papa...
Mario 64 significó un antes y un después por lo revolucionario que fue, pero Banjo-Kazooie elevó el concepto al cuadrado y la diversión al cubo. Probablemente fue el plataformas más divertido de la 64, y, con diferencia, el más divertido para mí. La mayoría de los plataformas que llegaron tras él, bebieron más de éste (como Jack & Daxter) que del propio Mario 64.
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