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Regreso al Pasado: Dragon's Lair

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| PC - Regreso al pasado |

Dragon’s Lair, mítico título que revolucionó la industria arcade en 1983, cumple 30 años. ¿Videojuego o película interactiva? Tras varias secuelas e innumerables conversiones, es innegable que el título se conserva tan fresco como antaño, por lo que desde Regreso al Pasado le brindamos un sentido homenaje.

Regreso al pasado

Allá por 1983, la industria del videojuego aún se encontraba en pañales a pesar de haber transcurrido 11 años desde su nacimiento. Además, en aquella época todo apuntaba a que tendría una muerte prematura, ya que el famoso Crack del 83 redujo a cenizas casi toda la industria occidental, la cual había llevado la voz cantante desde que Pong y Magnavox Odyssey dieran el pistoletazo de salida al videojuego como negocio. Mientras en Japón una tal Nintendo preparaba la resurrección global del mercado doméstico (y de paso la supremacía nipona como nueva meca de los videojuegos durante lo que acabaría siendo todo un cuarto de siglo), en occidente se subsistía gracias a los salones arcade y los microordenadores, sendas trincheras en las que programadores y compañías supervivientes decidieron refugiarse tras la debacle de las videoconsolas.

Fue precisamente en aquellos añorados templos del ocio interactivo, a los que los aficionados acudían regularmente a rendir pleitesía a clásicos ya por entonces intemporales como Space Invaders, Pac-Man o Donkey Kong, donde surgió algo que jamás había sido visto o siquiera soñado. Se trataba de una recreativa que respondía al nombre de Dragon’s Lair, y poseía unos gráficos increíbles, exactos a los de una película de dibujos animados. Por aquel entonces, y durante años sucesivos, la industria arcade llevaba la voz cantante en lo que a potencial técnico se refería, con revolucionarios títulos como I, Robot (primer juego con gráficos poligonales), Star Wars Arcade (con gráficos vectoriales y voces digitalizadas) y Journey (primer juego con gráficos digitalizados). Sin embargo, Dragon’s Lair parecía situarse a años luz de todo lo visto hasta aquella fecha, por muy revolucionario que ello fuera. Sus gráficos suponían un salto increíble.

Y es que, en realidad, dicho salto gráfico no era tal. Si Dragon’s Lair se veía exactamente igual que una película de dibujos animados era por una razón: Dragon’s Lair era una película de dibujos animados. Dicho film había sido grabado en un por entonces más que novedoso formato llamado Laser Disc. Ello permitía que los saltos entre escenas se llevaran a cabo en un instante, en lugar de los minutos que necesitaría una película grabada en una cinta normal, por lo que dichas escenas se montaron de manera que el usuario pudiera interaccionar con ellas mediante el joystick y los botones propios de una recreativa, creando la ilusión de que el protagonista del juego se encontraba bajo nuestro control, cuando en realidad con nuestras acciones lo único que hacíamos era ordenar al Laser Disc que saltara a una secuencia que continuaba la película o a otra que hacía que todo acabara en Game Over.

Es entonces cuando salta la inevitable pregunta que los usuarios llevan haciéndose desde que Dragon’s Lair debutara hace 30 años: ¿Es un videojuego? ¿Una película interactiva? ¿Algo que se encuentra entre ambas formas de expresión? Han pasado tres décadas, y todavía siguen siendo cuestiones difíciles de responder. Lo que sí está claro es que Dragon’s Lair fue lo que era por una simple razón: no existía otra forma de dar a un videojuego la calidad gráfica de una película de animación. Desde entonces han pasado seis largos lustros, tiempo más que suficiente para que el hardware haya evolucionado hasta emular la calidad visual de un film animado sin necesidad alguna de recurrir a los trucos que Dragon’s Lair blandió tres décadas atrás (Ni No Kuni –Level 5, 2011- es un buen ejemplo de ello). Pero el éxito de dicho juego creó escuela, lo que llevó tanto a las inevitables secuelas como a los spin-offs, los juegos interactivos que usaban imagen real en lugar de animación (Mad Dog McCree, por poner un ejemplo), y ya como heredero directo de dichas mecánicas, los Quick Time Event popularizados por Shenmue (Sega, 1999) y que a día de hoy siguen apareciendo en multitud de títulos, convirtiéndose incluso en el epicentro jugable de propuestas consideradas herederas de las aventuras gráficas de antaño como Heavy Rain (Quantic Dream, 2010).

La cabinet de Dragon's Lair no tenía mucho de especial por fuera, pero en su interior contenía tecnología de vanguardia en forma de reproductor de Laser Disc.
La cabinet de Dragon's Lair no tenía mucho de especial por fuera, pero en su interior contenía tecnología de vanguardia en forma de reproductor de Laser Disc.

Así, la cuestión con la que pretendemos finalizar la presente introducción parece obvia. Si el videojuego ya no necesita echar mano de las mecánicas de Dragon’s Lair para poner en pantalla un apartado visual muy similar a una película ya sea de animación o imagen real, ¿por qué siguen dichas mecánicas ahí? Quizá la industria se ha centrado demasiado en evolucionar su potencial técnico, descuidando su desarrollo en la vertiente de jugabilidad y capacidad interactiva, sobre todo en lo referente a encontrar su propia vía a la hora de brindar al usuario un total control en acciones en un principio complejas que van más allá de avanzar a izquierda o derecha, dar una patada o pulsar un gatillo (y no, lo del wiimote y sus hijos bastardos ya ha demostrado de sobra que no sirve a tal efecto). Sea como fuere, es obvio que la leyenda de Dragon’s Lair (que el mes pasado volvió a ser relanzado, en esta ocasión para smartphones) sigue plenamente vigente, lo cual es motivo de alabanza. Sin más dilación, subamos a nuestro viejo y fiel DeLorean y embarquémonos en un recorrido que nos llevará a conocer pormenorizadamente todo lo que tiene que ver con las aventuras de Dirk el Intrépido. Esperamos que disfrutéis del viaje.

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