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¿Qué te han dejado los reyes?

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| N64 WiiU PC PS4 XBO - Reportaje |

Ya pasaron sus majestades de oriente, los Reyes Magos, por las casas de todos aquellos que se portaron bien en 2015. Aquí tenéis algunos ejemplos de los agraciados con una nueva consola y sus reacciones al abrir sus regalos.

Reportaje

¿Qué te han dejado los reyes? Captura de pantalla

Si ayer os acostasteis pronto y dejasteis la leche con galletas lista para los reyes (o un copazo, que la noche es muy larga y seguro que les ayuda más), seguro que os habéis levantado con la ilusión de ver qué regalos hay encima de vuestros zapatos. E incluso más de uno habréis fingido no acordaros de cuando fuisteis a la tienda a comprarlos. Y el carbón seguro que ha sido un error de sus majestades -o que tu pareja tiene una sutil forma de decirte que a lo mejor no has sido tan bueno como creías… Pero eso son las excepciones, porque lo normal es que esta mañana en vuestras casas se hayan vivido escenas como estas:

Perdón, quería decir como esta…

No, tampoco esas, me refería a estas:

Ahora sí.

Pero de entre todos los regalos posibles, a los que seguimos este mundillo nos gusta un tipo en especial: las maquinitas, como dicen las madres. Ya sean en forma de una consola de última generación, un móvil nuevo o una portátil para los viajes... Además, desde que un incipiente Youtube encumbrara a esta pareja de hermanos, el simple hecho de abrir regalos cambió para siempre. 

Si hace 50 años la gente guardaba para la posteridad el vídeo de su boda, en el futuro nuestros hijos no podrán vivir sin poner a los suyos la reacción que tenían a los 11 cuando les regalaron su consola favorita. Y no hay padre que se resista a ver cómo reaccionarán sus hijos-sobrinos-allegados al recibir esa consola o tablet que tanto anhelan. De hecho, hoy en día es posible que sea esto lo que pase si decides regalar otra cosa:

Pobres libros... Pero si eres quien recibe el regalo, ten cuidado porque a veces si el dinero falla o alguien te la tiene jugada, puede que merezca la pena que esperes a abrir la caja antes de emocionarte. Que hay mucha mala persona por ahí suelta dispuesta a jugar con tus sentimientos por unos cuantos likes en Facebook y visitas en youtube…

Eso sí, ya sabemos lo difícil que es contenerse, respirar hondo, y cerciorarse del regalo antes de estallar de alegría, así que lo más seguro es que ante un regalo anhelado, tus peques (o tú mismo, por qué engañarnos) reaccionen de alguna de las siguientes formas.

 

Al borde del desmayo

Una de las más comunes y que más puede desconcertar son los que se quedan todo flipados, esta es una de las reacciones que más puede desconcertar a quien ofrece el regalo. Los síntomas son claros: el agasajado se empieza a quedar muy quieto, muy pálido, con la mirada perdida como diciendo “no puede ser, no puede ser”. Pero ojo, que esto puede ser fruto de la estupefacción ante un regalo totalmente inesperado, o que esté pensando en qué hacer para no soltarte un bofetón ante la bazofia que hay en la caja.

Por otra parte, si el subidón del regalo alcanza un pico muy alto, es recomendable que hayamos barrido y limpiado bien el área alrededor del lugar donde nuestro peque o persona querida abrirá su regalo, no sea que pase como en este caso y acabe besando el suelo desmayado de la emoción. Y no es bonito dejar a alguien caer sobre un suelo lleno de restos de la noche anterior o peor, nochevieja.

Lentos de reflejos

Pero si la reacción anterior es desconcertante, más lo es esta. Durante una fracción de segundo, mientras el papel se va rompiendo y la persona a quien has hecho el regalo procesa lentamente la sorpresa, vas a ver pasar cual tráiler de Hollywood todo lo que ha ocurrido desde el momento que se te pasó por la cabeza que ese regalo era una buena idea hasta ese mismo instante. Y por desgracia solo hay dos opciones, o estás tratando con alguien bastante lento de reflejos o la acabas de pifiar:

 

En este caso ese momento decisivo acaba con final feliz (aunque aún queda abrir la caja, no vaya a ser que dentro haya mudas para un año). De todas formas, si esta reacción es la que buscas, también es posible forzarla. Una pequeña alarma, un regalo escondido en un cajón discreto, o el simple tono de un teléfono pueden cambiar una cara de incredulidad en una explosión de gritos, chillidos y más de una lágrima:

 

Sorprender puede parecer fácil, pero como con todo hay que tener un poquito de mañana y cuidar ciertos detalles. Por ejemplo, al envolver las cajas. Si no, podemos convertirnos en causa involuntaria de una sorpresa frustrada, si nuestro agasajado es incapaz de poder abrir el envoltorio del regalo, como le pasa a este chaval que se las ve y se las desea para descubrir qué le han regalado:

 

En otros casos, el sorprendido puede necesitar de abrazar y agitar la caja, y quizá de algún pellizco, para estar completamente seguro de que efectivamente está despierto y su regalo es real. Tened en cuenta que en caso de que el regalo sean calcetines o mudas, la mejor opción es que sea la otra opción, que estéis dormidos viviendo una pesadilla. De no ser así, os acompañamos en el dolor de tener una familia-amigos tan rancios.

 

 

Una variante es la de aquellos que al abrir su regalo entran en tal estado de felicidad y satisfacción interior que jurarías que van a levitar en cualquier momento. En su cabeza se produce una reacción química similar a la de cualquier hombre tras pasar una noche con todas las chicas de Dead or Alive en versión de carne y hueso. Llamémoslo “paz interior”. Al menos con ellos no sufrirán ni tu cuello ni tus tímpanos.

Gentes de acción

Pero no todas las reacciones son así de calmadas. Hay a quienes la subida de adrenalina inherente a la sorpresa les lleva a reaccionar cual depredador de los de documental de media tarde de la dos al agradecer sus regalos. Y tú vas a ser la indefensa gacela. Si conoces a alguien que reaccione así, nuestro consejo es que se los deje a una distancia prudencial, te coloques en un entorno seguro, lejos de esquinas o salientes donde abrirte la cabeza, y por si acaso prepares el teléfono de un doctor para tratar posibles luxaciones de cuello, porque es posible que acabes por el suelo como este padre…

Y para los que no están tan en forma, salvo la parte de las cuerdas vocales, podemos encontrarnos con este caso: que se ponga a gritar el nombre del regalo como si necesitases que no quede vecino sin enterarse mientras se mueven de forma compulsiva guiados por sus instintos. Esta es la fórmula de celebración que popularizaron los chavales de la Nintendo 64, pero el hecho de ser un clásico no le ha hecho perder un ápice de actualidad. Por cierto, si el regalo es para alguien con la voz muy aguda, quizá sea buena idea no dejar objetos de vidrio cerca. No se puede subestimar el volumen que puede alcanzar un chaval en un momento así.

Y si antes veíamos ejemplos de quienes demuestran su forma física abalanzándose sobre el obsequiante demostrando forma física para las olimpiadas, hay quien del deporte domina bien la parte de levantar el trofeo y mostrar a todos que él tiene algo que tú no. Si la reacción dura 30 segundos es aceptable. Si después de 3 horas sigue actuando así, quizá deberías plantearte cambiar de amigos.

 

Los llorones

Y no podía faltar la reacción más bonita de todas. Esa que nos muestran en las películas, la ideal, la mágica, la que nos emociona a todos. ¿Quién no desea al ofrecer un regalo que el obsequiado se inunde de lágrimas, y con voz entrecortada nos lo agradezca como si fuese el momento más feliz de su vida?

Pero ojo, que como todo, para esto también hay grados. Y si la cosa va a más, las lágrimas se pueden tornar en arcadas y el lloro en moqueras. Y nadie quiere acabar el día de navidad en el cuarto de baño limpiando los churros deglutidos del desayuno. Tened un regalo de mierda preparado si es el caso para que podáis provocar un bajón de ánimos si este es el caso. Unas mudas pueden ser una buena opción.


En cualquier caso, hayan sido como hayan sido las reacciones en vuestra casa, esas pequeñas explosiones de alegría al abrir ese paquete con el regalo soñado son la recompensa por vuestra generosidad, y la mejor forma de olvidar que en pocas horas tocará volver a la rutina (perdón por recordarlo). Mientras tanto, disfrutad de lo que os hayan regalado (o hayáis comprado), y quedaros con los mejores recuerdos de estos días de fiesta y de esos señores barbudos cargados de presentes que tardarán un año en volver a visitar nuestros hogares. ¡Y no os atragantéis con el roscón de reyes!

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