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Metal Gear Solid V: Por qué lo debes jugar otra vez

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| PC PS4 - Opinión |

Metal Gear Solid V fue uno de los videojuegos más destacados del 2015, pero no por ello se libró de la polémica por cuestiones jugables y por el enfrentamiento de Kojima con Konami.  ¿Estamos ante un juego que gana con el tiempo?

Opinión

Esta columna de opinión contiene destripes argumentales de Metal Gear Solid V: The Phantom Pain. No sigas leyendo si no has completado el juego (Misión 46 incluida)

Ya ha llovido mucho desde el lanzamiento de Metal Gear Solid V: The Phantom Pain, más de cuatro meses en los que la saga de espionaje ha vivido todo lo que no podíamos esperar. Hideo Kojima abandona Konami en medio de un culebrón del que no todavía no se ha escrito la última línea, se funda su propio estudio con Playstation como mecenas para su primer proyecto y ficha a gran parte de sus colegas, dejando a dos velas a la empresa nipona que le ha prohibido hasta recoger premios. Viendo el via crucis que ha tenido que vivir el diseñador japonés, me hice una promesa en Navidad: jugarlo por segunda vez.

Cuando el título llegó a las tiendas el 1 de septiembre, lo compré sin rechistar. No me considero ni seguidor extremo del trabajo de Kojima ni coleccionista de la saga Metal Gear, pero sí le respeto como creativo, por lo que se avecinaba un gran título. Y lo fue. Jugué una partida que comenzó intensa, con sesiones que me tuvieron atrapado en casa todo un fin de semana. Después el entusiasmo se relajó, pero quedó latente. Tras unas 40-50 horas invertidas, había conseguido completar la trama principal incluyendo su final definitivo con la Misión 46. Dejé pendientes secundarias, extras, mejoras y más.

Por aquellas fechas los foros ardían en un intenso debate centrado en la calidad de The Phantom Pain y aderezados por cuestiones polémicas que, en la opinión de muchos, empañaron el acabado del título. Dos puntos evidentes. El primero, la repetición de misiones en el bloque final; el segundo, la Misión 51, ausente en el juego por quedarse a medio hacer y expuesta porque sí en forma de video en la edición coleccionista. No lo negaré: Metal Gear Solid V pudo ser un juego, para mi gusto, perfecto de no ser por estas dos lacras. Pudo ser la evolución idónea de la saga.

Me sorprendió especialmente cuando comenté en redes sociales que iniciaba la segunda vuelta al juego, desde cero, borrando mi partida principal, para tratar de completarlo al cien por cien. No faltaron los comentarios tipo “lo dejé a medias porque me aburrí”, “no sé cómo puedes volver a jugarlo si es repetitivo” o “este juego tiene una historia que no es un Metal Gear”. Seguí jugando sin dedicarles demasiada importancia hasta que llegó ese punto: comencé a divertirme mucho más en la segunda partida que en la primera. Metal Gear Solid V es como los buenos vinos, cuanto más tiempo pasa en reposo, más satisface.

Una segunda vuelta te permite llevarte al paladar todas esas “kojimadas” que parecían estar ausentes en el juego tras la primera partida, esos elementos que se esperan de cualquier juego del japonés y que te sacan una sonrisa al descubrirlos. Muchas de ellas son hasta capaces de dar más empaque a la tan controvertida trama y a su giro final haciéndote cómplice de la estratagema de Big Boss para usar a su fantasma, el médico de Ground Zeroes, como señuelo para evitar una muerte segura.

Sin ir más lejos, las cintas de casete que recogemos durante las misiones son toda una delicia y han costado a Kojima críticas a tutiplén por ser una forma diferente de narrar la trama. Muchos detalles del universo de The Phantom Pain no están reflejados en las antaño recurrentes cinemáticas (de hecho, las escenas solo son la punta del iceberg), sino que se desgranan en estos audios que merecen ser escuchados con calma, no durante misiones y que aportan al juego ese toque Metal Gear.

La historia de Venom Snake está contada de otra forma, pero está contada. Gustará más o menos, pero no está incompleta. El recurso narrativo al que recurre Kojima prescinde de lo tradicional (decir al jugador a la cara lo que pasa) para adentrarse en otras formas de nutrir su mundo, y lo logra con éxito. Destiny (el original), por el contrario, intentó una práctica similar dejando gran parte del desarrollo narrativo de su universo a los pequeños detalles (y a su app) y no lo logró. Donde Bungie falló, Kojima Productions cumplió.

Solo cuando pausas el ritmo -poco común en una primera partida-, descubres unas mecánicas de juego sólidas, pulidas, innovadoras y arriesgadas que difícilmente van a ser replicadas en el género en años. Existen maneras y maneras de completar misiones, algunas extremadamente ridículas (sobre todo para conseguir el Rango S) que pasan desapercibidas en un primer vistazo. The Phantom Pain cuenta con una profundidad a todos los niveles difícil de ver otros juegos. 

Solo cuando reduces la marcha comienzas a conocer a los soldados de tu Base Madre y observas todas las aristas que componen el universo de los Diamond Dogs y los sentimientos e intereses que mueven a esta fuerza militar. La organización vive en los pequeños detalles, desde la caja made in Kojima que te golpea si te pones en una zona en construcción  hasta la habitación médica donde reside Paz, que está ahí a la espera de la visita no obligatoria del jugador curioso.

Metal Gear Solid V: The Phantom Pain se merece una segunda partida, tu segunda partida, una vuelta en la que como jugador reflexiones sobre el trabajo de Hideo Kojima y sobre cómo terminará influyendo en otros títulos en el futuro, porque lo hará. Por eso y porque es el fin de una era para una saga que tras tres décadas se independiza más que de un creador, de su autor, y lo hace de la peor manera posible.

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