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La muerte de Goku

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| PS2 PS3 PSV 360 - Opinión |

Los videojuegos de Dragon Ball en la pasada generación se han despedido con Battle of Z de la misma forma que comenzaron; con títulos malos que tienen como objetivo recaudar el dinero del fan al que le pesa más el amor por la obra de Toriyama que la calidad mediocre de la producción.

Opinión

El éxito de Dragon Ball fue histórico. El anime que logró la explosión de la mangamanía a principios de los 90 apoyado en la difusión por las TV autonómicas, y flanqueado por Musculman -Kinnikuman- y Arale -Dr Slump-. Se convirtió en un fenómeno como dudo que volvamos a vivir alguno más en nuestras vidas. Y los que crecísteis con ello sabéis a lo que me refiero. Dragon Ball está simplemente a otro nivel.

En los videojuegos la serie de Toriyama ha corrido suerte desigual. Nos quedan títulos nostálgicos como los primeros Dragon Ball de lucha basados en un sistema de cartas -que algunos desciframos a base de ensayo y error metiéndoles muchas horas a la NES-, los gloriosos Super Butouden de Super Nintendo con precios de 20.000 pesetas para la versión japonesa del primero -que muchos pagamos ahorrando la paga de meses, cumpleaños y navidades-, su particular adaptación a Megadrive con L'Appel Du Destin, el serio Hyperdimension o el Shin Butouden de Saturn, pasando por las notables y numerosas incursiones portátiles, hasta los más recientes Budokai y Budokai Tenkaichi de PS2, últimos recuerdos felices que un aficionado a Dragon Ball habrá experimentado en los videojuegos. Y eso que los tiempos pasados no fueron siempre bucólicos, no. Aberraciones también las hubo. Y con el tiempo hasta se les cogió cariño, como al Dragon Ball: Final Bout o al Ultimate Battle 22 de PSX.

Pero la situación que se ha dado con Dragon Ball en la pasada generación en PS3 y 360 ha sido calamitosa. Namco Bandai ha completado una explotación despiadada y sangrante de la licencia con un desfile errático de títulos cada vez peores -saga Dragon Ball Raging Blast-, de puro relleno -Dragon Ball Burst Limit- aburridos y simplistas -Ultimate Tenkaichi-, esperpénticos, absurdos y para la posteridad de los peores juegos de la historia -Dragon Ball: Evolution el de la infausta película- inadecuados y oportunistas -Dragon Ball para Kinect-, o insulsos y denostando dejadez -el último Dragon Ball Z: Battle of Z-.

Como fan me encuentro indignado por la situación y simplemente no compraré el juego, aunque haya incitado a Trolaso a que se lo compre para un Das Putten Mierden que llegará próximamentea vuestras pantallas. Como profesional, veo que Namco Bandai ha decidido adoptar una actitud fan-service con todos sus títulos basados en franquicias anime de éxito bastante provechosa -Saint Seiya, igualmente mancillado, o los notables Naruto, especialmente los de CyberConnect 2- que junto a títulos de enorme calado como Dark Souls, le ha llevado a ser la compañía japonesa de videojuegos más rentable por delante de Nintendo.

Es una lástima lo que ha ocurrido con Son Goku, ese niño con cola en busca de las Bolas del Dragón primero, super saiyajin que nos emocionó  e inspiró a todos después, el héroe de nuestra infancia, del que tenemos tantos recuerdos. Pero a fin de cuentas, si se siguen lanzando videojuegos de Dragon Ball año tras año es simple y contundentemente porque la gente los compra y al final los números le salen a Namco Bandai: después de pagar por la licencia a Toriyama y de los costes de producción y promoción de los juegos, en global obtienen beneficios. Aunque sea a costa de haber matado a Goku.

¿Crees que Dragon Ball levantará cabeza en la presente generación? ¿Volverás a comprar un juego de la serie?


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