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Castlevania, el Legado de los Belmont

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Cambios, reboots, reinvenciones, renovaciones, 2D, 3D. Del pixel a la era HD, la saga Castlevania lleva casi tres décadas soportando las olas generacionales haciéndoles frente. Vamos a narrar un legado generacional con una familia destinada a pelear por siempre contra el Mal, encarnado en el vampiro por excelencia: Drácula. Un legado de honor, de historias y de sangre. El legado de los Belmont.

Regreso al pasado

 


castlevania_01_0.jpg Captura de pantallaHace mucho ya, casi treinta años atrás, se desató una guerra, una contienda no a nivel mundial ni entre naciones. Tampoco a nivel político ni económico, sino entre una bestia sedienta de Mal y una familia cuyo destino era enfrentarse al demonio cada vez que resucitaba y derrotarlo, enviarlo al Inframundo o a donde la criatura aguardase rugiendo de furia durante 100 años, hasta que sus acólitos sobre la tierra ganaban de nuevo suficiente poder para resucitarlo una vez y otra y otra. La bestia era conocida como Dracula. Y la familia que se interponía entre ella y su voluntad de desencadenar el Infierno era una estirpe de guerreros y guerreras bendecidos por Dios, con la Luz como aliado contra la Oscuridad. Una familia que ha arraigado como muy pocas en el sector de Videojuego, conformando una mitología y cronologías propias, reimaginando a veces la Historia –Portrait of Ruin- para ver cómo fue su enemigo y no Pandora el que desataba todos los males. Un clan de expertos en armas, en hechizos, criados en el arte de la guerra contra el mal, con un apellido tan sencillo como evocador de grandes gestas tanto dentro de la pantalla como fuera pad en mano:

El Clan Belmont.

Establecido según la cronología real en 1986 de la mano de Konami, el clan Belmont asomó la cabeza en el sector a través de uno de los mejores juegos que la NES tuvo en su catálogo. Uno que nos curtió a muchos de chico aunque ahora su dificultad sea intragable según los ínfimos estándares medios actuales. Pero hay otro icono en la saga Akumajo que debemos tratar  un poco antes de entrar a repasar la intensa vida de los primogénitos Belmont. Uno basado en una ficción que a su vez se basó en una leyenda que a su vez estaba basada en la más siniestra de las realidades: Dracula. Pocas veces un nombre solo, 7 meras letras, son capaces de manifestar tanto con tan poco.

Castlevania, el Legado de los Belmont Captura de pantallaDracula no solo evoca una novela o una película. Esa palabra es capaz de despertar recuerdos soterrados en el imaginario colectivo; de inspirar un escalofrío a aquellos que de pequeños, movidos por la mórbosa curiosidad, más de una vez nos metimos entre las sábanas temblando tras haber fisgado alguna de las adaptaciones fílmicas, o leído los cientos de miles de historias que surgieron (o que salieron antes, como la inmortal Carmilla de Sheridan Le Fanu) tras la obra magna de Bram Stoker. Porque Dracula evoca no solo el icono, el tópico del conde transilvano bebedor de sangre, sino a esa condición ilusoria, nacida de fuentes reales como todo en este mundo -la Porfiria en este caso, considerada por muchos como una de sus fuentes debido a sus síntomas-, que es el vampirismo, reconocido como enfermedad mental: Seres que se arrastran por la noche para chuparte la sangre y convertirte en uno de ellos. Y todo comienza con la estirpe de la Casa de los Drăculeşti y su miembro más notorio: Vlad III Drăculea.

Príncipe de Valaquia de 1431 a 1476/77, su terrorífico sobrenombre de El Empalador no fue por mera cuestión de autoridad: Tirano, sádico, torturador, asesino. El empalamiento, una muerte lenta, agónica y dolorosa hasta el extremo, era su método preferido. Y según las estimaciones, entre 40.000 y 100.000 victimas murieron por su orden. Con semejante crónica/leyenda, en la figura de Vlad fue donde Bram Stoker encontró su inspiración. El mito del vampiro, más vivo que nunca hoy día gracias al uso (y en ocasiones abuso) que Hollywood, la literatura y la TV están haciendo de él, siempre ha sido objeto de atracción para muchos -Ahí están las numerosas adaptaciones, como las magistrales Nosferatu y Bram Stoker's Dracula de Coppola – puras obras de arte fílmicas-, o las cientos de miles de historias con personajes chupasangres en sus páginas-, y Konami, veterana editora de videojuegos, fue de las primeras en darse cuenta de su potencial en el terreno del entretenimiento virtual, naciendo así Akumajo Dorakyura (Devil's Castle Dracula), conocido en Occidente por un nombre que, al igual que el del inmortal -nunca mejor dicho- personaje en que se basa, hace aflorar en muchos de nosotros cientos de recuerdos, miedos, experiencias y sensaciones:

Castlevania.

castlevania_wall_0.jpg Captura de pantalla

25 años. Un cuarto de siglo es lo que cumplió la veterana saga el pasado 26 de septiembre de 2011. Pero los “océanos de tiempo” avanzan de manera inexorable, dando lugar a una cantidad bastante numerosa de títulos que, o bien a veces no han cumplido con sus expectativas, o bien a veces han superado todas las barreras virtuales convirtiéndose en clásicos instantáneos y obras de referencia. Una IP que se ha reinventado a sí misma en esta generación, abandonando el toque Metroidvania-Igarashi por un acercamiento al canon HD de acción. Pertrechaos de ajos, afilad las estacas, bendecid litros de agua y sujetad con fuerza el Vampire Killer, pues vamos en un viaje acompañando a cada miembro del clan Belmont en una serie que se ha extendido por 5 generaciones y sistemas durante sus casi 30 años de existencia;  títulos que conforman una de las sagas más icónicas de la Historia de los Videojuegos, la cual, a pesar de sus personajes no-muertos, sigue más viva que nunca.

 

“…El clan escogido para enfrentarse al Mal cuyo apellido consiguió convertirse en sinónimo de honor, esperanza y agradecimiento: Belmont"


Contagio


Castlevania (1986)castlevania_nes_box_art.jpg Captura de pantalla
Estamos en los años 80. Las películas de terror casi se han reducido a secuelas y secuelas de Slashers y Bodycounts llenos de jovencitas ligeras de ropas y tios malos, muy malos, persiguiéndolas. El 26 de septiembre de 1986, la FamiCom japonesa de Nintendo recibe un título que llama la atención tanto por su nombre, con referencias a Dracula, como por su portada -un castillo, el rey de los vampiros y un bárbaro de Dragones y Mazmorras con un látigo en la mano-. El primerísimo Castlevania/Devil's Castle Dracula llega al mercado, adoptando una estética más próxima a la mítica Hammer de los 50 y narrando la historia de un clan familiar, los Belmont, cuya misión es derrotar cada siglo a Dracula y encerrarlo en su tumba.

Porteado un año más tarde a la icónica NES (y después a múltiples sistemas), lo que propicia su llegada a Occidente, el título es un prototípico platform bidimensional de la época, con seis niveles en los que controlamos a Simon Belmont mientras derrotamos a enemigos de pesadilla con nuestro látigo -un toque de originalidad por encima de la típica espada e icono para siempre de la serie-, el cual además puede aumentar su extensión y el daño que provoca recogiendo items de los candelabros que vamos rompiendo con él, amén de otras armas secundarias de usos limitados como el Agua Bendita. La maestría alcanzada en sus escenarios, la profundidad de la historia en una época en que esta apenas era importante en la narrativa de un juego, la inquietante BSO y la extrema dificultad de Final Bosses como La Parca (de la que más de uno se sigue acordando aún), contribuyeron a crear todo un referente en el género, además de una obra maestra atemporal que sigue dando lustre al catálogo de una consola pionera y esencial.

castlevania_nes.jpg Captura de pantalla

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