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BioShock Infinite: de Rapture a Columbia

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| PC PS3 360 - Reportaje |

Del mar al cielo, Bioshock se ha convertido en una de los nombres de más peso e influencia en esta generación y después de muchos años se prepara para su próximo gran salto con Infinite. Analizamos y repasamos diferentes aspectos de ambas obras encontrando sus puntos comunes y diferencias.

Reportaje

Nota: Este texto contiene destripes sobre el primer Bioshock

Del mar al cielo, es el cambio más aparente, el más burdo que se puede invocar a la hora de hablar del cambio de escenario entre los dos Bioshock. Pero esa distinción no es sólo estética, hay fundamentos poderosos que apoyan la naturaleza de estas dos ciudades imposibles, distinciones apoyadas por conceptos históricos y filosóficos que sirvieron de motor para su construcción. Desde System Shock II, el primer juego en el que Ken Levine llevó realmente la batuta de mando, el escenario, su historia y la de sus habitantes ha sido clave para que estos títulos se conviertan en los referentes que son. Los lugares de los Shock no son nunca meros decorados, ni están creados con una mentalidad de ser “mapas de videojuegos”. Tratan de ser lugares creíbles desde el punto de vista arquitectónico, con salas y zonas diseñadas para que sus habitantes puedan vivir en las muy particulares condiciones en las que están. En System Shock II, la Von Braun no es sólo una colección de pasillos metálicos con vistas al espacio, se supone que es una nave para que sus habitantes puedan tener cierta calidad de vida durante exploraciones espaciales de muchos años de distancia, por lo que estaba diseñada como tal, con espacios habilitados para hacer la vida a bordo más soportable y sostenible durante todos ese tiempo. Hay razones y motivos para cada cosa, y aunque obviamente tienen que funcionar en un videojuego y prestarse a una determinada estructura y desarrollo, pero eso es algo que tratan de camuflar en pos de hacer creer al jugador el increíble escenario en el que se ve envuelto.

Hay que tener muy en cuenta las palabras de Levine sobre lo que define a Bioshock: “Acontecen en un mundo que es fantástico y ridículo. Algo que nunca has visto jamás y que nadie excepto Irrational podría crear, pero que a la vez tiene que resultar creíble y con los pies en el suelo. La otra cosa que hace un Bioshock es tener un gran abanico de poderes y una amplia variedad de desafíos, dejándote que seas tú el que decida cómo resolverlos”. Que el escenario sea uno de los dos pilares de esta serie dice todo sobre lo fundamental que resultan estas creaciones para imprimir la identidad que los hace tan especiales. Dada esa importancia, el contexto político y la mentalidad de los visionarios que las crearon resultan piezas claves, las raíces sobre las que se construyen.

Bioshock impactó desde el primer momento gracias a la siniestra figura de los Big Daddies, la imagen más icónica de nuestra visita a Rapture.
Bioshock impactó desde el primer momento gracias a la siniestra figura de los Big Daddies, la imagen más icónica de nuestra visita a Rapture.


Principios fundacionales de Rapture y Columbia

Como decíamos al comienzo, la idea más básica que diferencia a ambas ciudades es que Rapture está en el fondo del mar, mientras que Columbia flota en el cielo, algo que responde a la naturaleza primaria de ambas. Andrew Ryan, el fundador de Rapture, buscaba una sociedad construida sobre sus propios ideales, alejada de las influencias de los gobiernos, por lo que construyó una ciudad oculta en el fondo del océano atlántico, difícilmente detectable, inaccesible y con una entrada única sometida a su completo control. La ley fundamental de Rapture, la única de hecho, prohibía el contacto con el mundo exterior, la única manera de salvaguardar ese secretismo clave para mantener la pureza de su visión a salvo de los “parásitos”. Por su lado, Columbia es todo lo contrario, no es una ciudad edificada para ocultarse, es una ciudad construida para asombrar y maravillar al mundo, para demostrar poderío a través de la majestuosidad. Rapture representa la oscuridad, un tenue punto de luz en medio del oscuro fondo marino, Rapture es la luz, una gloriosa construcción destinada al ensalzamiento de sí misma y la idea que representa: el excepcionalismo americano.

La fundación filosófica de ambas ciudades es clave para entender su creación. Andrew Ryan no nació con ese nombre, sino que nació en Rusia, cerca de Minsk, bajo el nombre de Andrei Rianofski, viviendo tanto el régimen autocrático de los zares como la revolución bolchevique. Bajo ambos gobiernos, Andrei desarrolló su forma de pensar: la obra de los grandes hombres es lo que mueve el mundo, una vez que ese mundo cae en manos de los “parásitos”, es destruido. Asqueado por la represión y esa “tiranía de la mayoría”, cambiaría su nombre por el de Andrew y se iría a Estados Unidos, un país que en sus comienzos adoró por considerarlo como el lugar perfecto para que un hombre de su gran intelecto y personalidad pudiera prosperar, cosa que así fue. Pero cuando su fama y fortuna comenzó a ser notable, empezaron a surgir nuevos problemas con los “parásitos”. Las crecientes ayudas a la sociedad estadounidense como el “New Deal” del presidente Roosevelt para superar la crisis, el aumento de los impuestos y l un mayor control gubernamental sobre sus asuntos le convencieron de que tampoco USA era el paraíso que soñaba como sociedad ideal. Un episodio concreto llama la atención en la vida de Ryan: un gran bosque de su propiedad en una zona privilegiada que él tenía como su lugar de retiro personal. Los “parásitos” según su visión reclamaron al gobierno que ese enclave debía de ser público, con diferentes grupos haciendo fuerza para ello como uno religioso que clamaba que esa tierra “Pertenecía a Dios”. Cuando el gobierno decidió convertirlo en Parque Nacional, Ryan respondió quemando toda la zona hasta que no quedó un árbol en pie. Sin embargo, fue la bomba atómica y su uso en Hiroshima lo que empujó definitivamente a la creación de la ciudad submarina, por primera vez los “parásitos” tenían el poder de destruir lo que no podían tener, así que para escapar de ellos tenía que crear algo que no pudieran ver.

El contraste entre Rapture y Columbia es más que evidente. La belleza natural de la ciudad aérea tendrá que convivir con el horror que nos espera en su interior.
El contraste entre Rapture y Columbia es más que evidente. La belleza natural de la ciudad aérea tendrá que convivir con el horror que nos espera en su interior.


Ni dioses ni reyes, sólo hombres

Todo el fundamento de la mentalidad de Ryan está concentrado en el sobrecogedor monólogo con el que entramos en Rapture: “Soy Andrew Ryan y estoy aquí para hacerte una pregunta: ¿no es el hombre dueño del sudor de su frente? ¡No! dice el hombre en Washington, “pertenece a los pobres”. ¡No! dice el hombre en el Vaticano,  “pertenece a Dios”. ¡No! dice el hombre en Moscú, “pertenece a todo el mundo”. Yo rechacé todas esas respuestas. En vez de eso yo elegí algo diferente, elegí lo imposible, elegí ¡Rapture! Una ciudad donde el artista no temerá al censor, donde el científico no estará limitado por la insignificante moral, donde los grandes no estarán limitados por los pequeños. Y con el sudor de tu frente, Rapture puede convertirse también en tu ciudad...”. Todo coronado con la gran estatua con el gran lema de la ciudad: “Ni dioses ni reyes, sólo hombres”. La libertad de decidir tu destino según tus propias decisiones es el principio fundamental que rige la vida (y la muerte) de Andrew Ryan, además de la base con la que forma una sociedad compuesta por las más brillantes mentes en todas las disciplinas.

Por supuesto, a la hora de hablar de Bioshock: Infinite no es posible hablar tan en detalle de la figura fundacional de la ciudad: el Padre Comstock, pero es interesante entender la visión y trayectoria de Ryan para, a partir de ahí, tratar de predecir un poco la dirección de Infinite en base a dibujar un paralelismo. La perdición de Rapture comenzó por dos debilidades estructurales de la misma: uno era la prohibición del contacto exterior para preservar el secreto de su localización generó demanda de productos que no podían obtenerse de ninguna forma en el fondo del mar, incluyendo drogas y otros productos considerados ilegales en una sociedad normal; el otro era el simple hecho de que una sociedad no puede estar exclusivamente compuesta de brillantes mentes dedicados a la ciencia y a las artes, alguien tiene que desatascar los váteres como diría el némesis de Ryan: Frank Fontaine. Todo comienza con una gran visión que Ryan consigue hacer realidad, pero las grandes visiones tienen la desventaja de que muchas veces sólo ponen atención a las grandes cosas y no en las miserias del día a día, algo que el pragmático y nihilista Fontaine aprovechó en su beneficio para llegar a disputar el control de la ciudad a su fundador.

Rapture era un mundo roto, sin esperanza, en el que sus habitantes peleaban por las últimas migajas y por encima de todo por instinto de supervivencia, como bestias salvajes.
Rapture era un mundo roto, sin esperanza, en el que sus habitantes peleaban por las últimas migajas y por encima de todo por instinto de supervivencia, como bestias salvajes.

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