Gods Eater Burst
No es el mejor momento para hablar de este tema a fecha de publicación de este análisis -16 de marzo de 2011, pocos días después de la catástrofe que tuvo lugar primero en forma de devastador terremoto, luego de tsunami, posteriormente de fisura nuclear de consecuencias aún desconocidas-, pero ciertamente el concepto de un mundo apocalíptico parece cada día más palpable, cercano a la realidad. Obras culmen de la industria como Fallout han dibujado un mundo sumido en la catástrofe humana que deriva de la ignorancia. El cine, en muchas de sus ramas, ha querido ahondar en esta cuestión. Algunos han vaticinado una hecatombe que cambiaría para siempre la faz de la tierra, otros simplemente han cambiado la naturaleza del ser humano, añadiendo sucesos paranormales en el proceso de descomposición de éste, nuestro querido planeta Tierra.
Gods Eater: Burst forma parte del segundo grupo, en un intento de combinar fantasía y realidad, misticismo y oscurantismo. La obra de Namco Bandai es un pupilo aventajado de la escuela creada por Monster Hunter hace ya bastante tiempo, en cuyo desarrollo prima la interacción del jugador con determinados entornos y criaturas sobre una profunda y enrevesada trama que quede grabada a fuego en la retina del jugador. La historia se difumina en una interminable amalgama de referencias a un mundo inexistente en el que los héroes, un grupo de jóvenes de personalidad dispar, han de colaborar con la asociación Fenrir para limpiar el planeta Tierra de la invasión aragami'.
La palabra de origen japonés alude a la presencia de monstruos o criaturas en la mitología de aquél país, influencia que abraza todo pequeño detalle que otorga personalidad a la historia, relegada a un segundo plano de principio a fin de la aventura. Mientras que los motivos de la aparición de esta extraña raza de seres del inframundo apenas se explica -lo que, dentro de lo que cabe, podríamos aceptar sin reparos-, el carácter de los protagonistas es todo un cliché en sí mismo. No existe evolución alguna en su forma de reaccionar ante los acontecimientos que tienen lugar dentro de una ambientación asfixiante, en claro contraste con la parquedad que presenta Burst en cuanto al desarrollo de un argumento que merezca ser recordado en la posteridad. Nada más lejos de la realidad, pocos o ningún jugador se sentirá atraído por el título en este sentido.
Mundo apocalíptico
Para paliar esta tara -que realmente no debe ser considerada como tal si se atiende a las raíces del género-, Namco Bandai ha creado una mecánica sobre la que recae el peso de la parte jugable. En esencia, la puesta en escena de Burst es idéntica a la de cualquier Monster Hunter que haya aparecido de un tiempo a esta parte. El usuario escoge a un personaje que diseña más o menos a su antojo, seleccionando determinadas propiedades física para que su uso vaya en consonancia con las necesidades de cada jugador. Tras una breve introducción, hilada con una maestría que brilla por su ausencia de este momento en adelante, Burst se dedica a explotar el sobresaliente motor gráfico que ha sido optimizado para aprovechar las posibilidades de PlayStation Portable en lo que a dinamismo técnico se refiere.
Olvidemos por un momento la parte sonora, tan olvidable como repetitiva, y centrémonos en el entramado gráfico. Es interesante entender que la versión original de God Eater aparecía en el mercado japonés hace poco más de un año y medio, con lo que existen determinados títulos que se han puesto por delante en cuanto a vanguardia técnica. Analizando este detalle como un daño colateral de los problemas que ha supuesto no encontrar una distribuidora dispuesta a realizar una apuesta en firme por el título al otro lado del charco, lo cierto es que tanto en concepto de fluidez como en lo que a nivel de detalle se refiere, este es uno de los crawlers' que mejor aspecto presenta. Dicho en otras palabras: Namco Bandai maximiza beneficios de un motor gráfico creado hace unos cuantos años cediendo el testigo del asombro al ritmo de la acción, así como a la ambientación.

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