Beaterator
La posibilidad de tocar música en directo nos permite ponernos en la piel de un DJ que en cada sección tiene cuatro variantes de un mismo instrumento, preseleccionadas por el jugador, por lo que podemos realizar distintas composiciones sobre la marcha siempre y cuando sepamos combinar correctamente el material del que disponemos. Es una forma de pasar el tiempo que no tiene utilidad alguna salvo el hecho de poder presumir de nuestra música durante unos minutos del modo que mejor nos venga en gana. Desgraciadamente la utilidad de este modo es más bien reducida, sin ofrecer ningún motivo específico por el que pasar las horas o, dicho en otras palabras, sin dar el sentido de entretenimiento a la música que se podía imaginar en un principio.
De aquí en adelante, todo lo que tenemos entre manos tiene que ver con el editor de música, cuyas posibilidades van mucho más allá de lo que podíamos haber imaginado cuando el juego era anunciado ante el gran público de manera oficial. La sección principal es un selector de loops' o samples' que atienden a pequeños ritmos melódicos que se repiten siguiendo un intervalo marcado, medido en compases. En la primera pista podemos seleccionar cuatro loops, correspondientes a cada uno de los botones de la consola. Pulsamos el cuadrado y de aquí pasamos a un menú secundario donde podemos o bien elegir un sample creado por Timbaland, uno introducido por los chicos de Rockstar o sencillamente crear uno a cuenta propia.
Cuando hayamos seleccionado unas pistas e incluido los sonidos esenciales para que cualquier canción cobra fuerza (percusión, melodía ) es posible escuchar todos los sonidos unificados en uno sólo, como si de una composición tradicional se tratase, o bien pasar al panel de canción desde el que podemos unir todos los sonidos en un cuadrado, guiándonos por los compases, para realizar una mezcla coherente. En el primer sector creábamos el sonido en el panel melódico, con la clásica vista de las teclas de un sintetizador apuntilladas con la nota en concreto, desde el que podemos, como su propio nombre indica, elaborar cualquier sonido con sus correspondientes efectos para luego incluirlos como un loop, esa vuelta que se repite de forma incansable en las canciones actuales.
Plena libertad
A lo largo de nuestro recorrido musical tenemos ocasión de variar absolutamente todas las prestaciones de una canción. Podemos alterar los BPM -beats por minuto- si lo que deseamos es componer una base de drum & bass, o bien alterar un mismo sonido para que se repita con mayor cadencia dentro de un mismo compás. Es decir, dos opciones para arreglar un mismo sonido dependiendo de las variantes que queramos emplear en el futuro, con otras armonías que más tarde podremos intercambiar. Si los sonidos que vienen por defecto no nos gustan o pensamos que podemos utilizarlos para un fin en concreto somos libres de hacerlo: Beaterator incluye una enorme biblioteca musical -con canciones incluidas- que permiten al jugador total libertad para ser modificadas a su antojo.
Si es posible alterar el sonido de la batería con precisión quirúrgica, lo lógico sería pensar que sucede exactamente lo mismo con el editor de sonido que incluye el juego, completísimo si tenemos en cuenta que podemos modificar prácticamente todos los elementos de un sonido sin apenas tener que molestarnos en utilizar extrañas combinaciones de botones. El stick analógico nos permite cambiar entre la pantalla central o los botones externos -como podemos ver en las imágenes adjuntas al texto-, pero también alargar o acortar la densidad de una melodía para trabajar con ella de forma meticulosa. Seleccionamos un trozo de un loop con posibilidades de introducir toda clase de efectos sonoros, tales como reducción o aumento del volumen, diferentes atenuaciones, silencios, sostenidos, etcétera.












