Saw II: Flesh and Blood
Con seis entregas a sus espaldas y la séptima perfilándose en el horizonte, no se puede negar que Saw ha sido una de las sagas más rentables y prolíficas del mundo del celuloide. No en vano, las rebuscadas artimañas de Jigsaw y el alto nivel de suspense, intriga y violencia del que hacían gala las primeras películas catapultaron este sanguinario universo al estrellato. En vista de esta situación, era predecible una adaptación al mundo del videojuego. Después de una primera entrega con algunas buenas ideas aunque envuelta en un halo de mediocridad en muchos apartados, llega la secuela y con ella se desvanecen todas las esperanzas puestas en la mejora de sus puntos más flojos.
Hace aproximadamente once meses irrumpía en nuestras consolas la primera entrega de Saw, adaptación al mundo de los videojuegos de la película homónima que nos proponía una lucha constante por la supervivencia a manos de Jigsaw, el macabro asesino que castiga a los que él considera pecadores, obligándolos a superar duros retos que ponen a prueba su resistencia física y, sobre todo, su cordura. Si bien las adaptaciones de conocidas licencias, ya sea en el mundo del cine, cómic o dibujos animados no suelen salir muy bien paradas en cuanto a valoraciones por parte de crítica y público se refiere, parecía que esta tendencia estaba cambiando con aportaciones como Batman: Arkham Asylum o Spiderman: Shattered Dimensions, productos que han demostrado que no lucen un nombre conocido sólo para obtener dinero fácil a costa de un desarrollo poco trabajado. Desafortunadamente, en el caso que nos ocupa no ocurre como estos dos últimos ejemplos. Sabremos el porqué a continuación.
En esta ocasión, el protagonismo de la historia recae sobre Michael, hijo del detective Tapp, protagonista de la primera entrega. Éste se ha convertido en el nuevo blanco de Jigsaw y se verá envuelto rápida e irremediablemente en su macabro juego, mientras intenta a su vez descubrir los motivos que rodean a la muerte de su padre. Nos encontramos con una secuela tremendamente continuista, no sólo en argumento, también en sus formas con algunas variaciones. Es bastante importante entonces aunque no indispensable, conocer la historia y sus personajes, que ayudarán a sumergirnos en la ambientación y su trasfondo. De no ser así, un jugador primerizo en la saga se podría sentir bastante desconcertado.
Desarrollo
Nada más empezar y a modo de tutorial, tomamos el control de Campbell, una de las numerosas víctimas de Jigsaw. Tras una breve introducción, acorde al modus operandi de este peculiar asesino, debemos liberarnos de la trampa que sujeta nuestra cabeza sacando la llave que el psicópata ha colocado debajo de nuestro ojo. Mediante pulsaciones repetidas de un botón y movimientos con el stick analógico cortaremos los puntos de sutura que nos permitirán obtener la llave para liberarnos de una muerte segura, en esta primera toma de contacto. Superada la primera prueba, llega el momento de intentar escapar, explorando las estancias que Jigsaw ha reservado para nosotros.
Al igual que en la anterior entrega, nuestro cometido principal consiste en avanzar superando las frecuentes trampas que Jigsaw ha dispuesto en los entornos que visitamos, y resolver numerosos puzzles y minijuegos que dificultan constantemente nuestros avances. Del mismo modo que en las películas, a menudo encontraremos contratiempos que dificultarán nuestra progresión en forma de trampas en las puertas, cerraduras que desbloquear, algunas puertas que se abren con una combinación numérica y otras que necesitan que arreglemos los circuitos eléctricos que permiten su apertura, entre otras artimañas. Encontramos objetos recolecables dispersos por el escenario en forma de marionetas, documentación y cintas de audio que nos aportan información relativa a esta cruda historia. El concepto parece variado, pero como veremos, es otra 'trampa'.

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