Rag Doll Kung Fu: Fists of Plastic
Con una primera parte rondando por el mercado PC desde hace algunos años, Rag Doll hace acto de presencia en Playstation 3 a lo Smash Bros. Pero no tanto. Con toques Little Big Planet. Pero sin honores para ser comparado. Y con estilo propio. Una lucha sin cuartel entre muñecos articulados para ser el más grande maestro del Kun Fu. Y, porqué no, para ser el más variopinto y fashion del ring.
Rag Doll Kung Fu impacta en un primer momento por su estética. Los protagonistas son marionetas articuladas que deben luchar entre ellas para ganar la guerra. Sus armas son sus puños y patadas, los objetos que van cayendo por el escenario, al más puro estilo Smash Bros, y el chi que los luchadores son capaces de generar. Los escenarios también tienen su parte de relevancia, gracias a los elementos de que se componen o su ubicación.
La obra de Tarsier Studios está claramente enfocada a las partidas multijugador. Aunque con matices. La posibilidad de jugar a cuatro mandos es la mejor de las ofertas de Rag Doll Kung Fu, ya que el frenetismo y la sencillez de la mayoría de movimientos convierten el juego en un producto apto para todo el mundo y con el que es fácil familiarizarse en las primeras partidas. Pero esta proyección como juego para disfrutar con otras personas se ve totalmente truncada por la no inclusión de un modo on-line.
Al otro lado, el modo para un jugador no tiene fuerza suficiente para ser tenido en cuenta. Sin historia aparente, sólo habrá ocho desafíos que son especies de pruebas de habilidad. Después del tutorial, que cuenta como uno de estas misiones, hay distintos objetivos a cumplir con sus respectivos rangos. Desde usar las estrellas ninja para ir acabando con las dianas que aparecen en pantalla, hasta un modo supervivencia, los desafíos tocan cada una de las teclas jugables de Rag Doll Kung Fu. Cada misión se enfoca en alguna de las habilidades disponibles para los personajes, y hay tres medallas que se consiguen según hasta dónde se llegue.
Ir desbloqueando misiones no es una tarea complicada. La medalla de bronce se consigue sin problemas en la primera partida, pero el verdadero jugo está en las medallas de plata y oro. Ser expertos en una de las pruebas sirve para ir desbloqueando objetos y ropas para los personajes. Su único problema se encuentra en la poca gracia de las misiones, que pueden llegar a aburrir debido a lo concreto de sus objetivos y la repetición mecánica de movimientos. Supone un reto más divertido, aunque lejos del multijugador, crear partidas competitivas contra tres enemigos controlados por la IA. En dónde, al menos, se puede usar el abanico de posibilidades disponible en el campo de batalla.
El tono desenfadado del juego se encuentra no sólo en los diseños usados y el tipo de ataques, sino también en el envoltorio del producto. Los menús y las cargas a la hora de entrar en misiones o modos de juego están llenos de humor a la hora de explicar cómo se juega o de intentar dar, con un tono hilarante, el pretexto de la misión en cuestión. En este caso se nos presentan también a los archienemigos a los que nos enfrentaremos en cada prueba disponible.

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