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Assassin's Creed IV: Black Flag

Assassin's Creed IV: Black Flag

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Edward Kenway, el pirata antepasado de Connor se beneficia de toda la experiencia recogida por Ubisoft en su serie de mayor éxito actual en PS3, 360 y PC, y tripula Assassin's Creed IV: Black Flag, probablemente el episodio mejor atado en cuestiones de gameplay y completismo, pero un título que vuelve a sonar ya demasiado a lo mismo de siempre y es conformista en su aspecto técnico o multijugador. Oro envejecido en un ambiente siempre sorprendente y atractivo como son los mares y capitales del Caribe del s. XVIII. ¿El mejor videojuego de piratas?

Ambientación. Éste es el término que mejor describe la serie Assassin's Creed y directamente lo mejor que tiene esta saga, perdición para muchos y ya perdida para otros. Le toca el turno a los piratas, en un juego que parte principalmente de lo que estableció el III en la época de la América colonizándose por europeos y ciudades portuarias donde las carabelas tienen un rincón asegurado, protagonistas tanto como el parkour en las calles, fachadas y tejados, las zonas salvajes o los asesinatos por sorpresa. Assassin's Creed IV: Black Flag es quizá el mejor ejercicio de la marca en cuanto a tamaño, equilibrios, experiencia, aspecto técnico, cohesión... pero incide tanto en los puntos habituales de su gameplay que casi bien se podría considerar un nuevo paquete de ciudades y arreglo de ciertos desajustes del anterior. Una sensación de reiteración y hasta agotamiento de la fórmula invadirá al habitual, encarando eso sí una aventura larga que en su hilo central tiene bastantes buenas intenciones y apasionaría a un descubridor de la franquicia, pero que al mismo tiempo suena demasiado al año pasado para quienes conocemos su trayectoria, casi todos.

Es normal, estamos a finales de generación y como ésta hay otras muchas marcas que empiezan a agotarse año tras año con lo mismo, por ejemplo Call of Duty que se queda reforzada por un fenomenal multijugador con millones de fans incondicionales. Ubisoft es consciente de que con esta saga ocurre lo mismo, y que el que tiene todos los juegos, el seguidor, empieza a notar la fatiga y referencia extrema a anteriores, por eso ha intentado dar forma al capítulo más generoso y cuidado de todos, un sexto tomo principal nacido plenamente de la experiencia de todos estos años, de darle vueltas y vueltas hasta llegar aquí. Será el primero next-gen con versiones refinadas técnicamente para PlayStation 4 y Xbox One, y quizá no estaría mal que también fuera el último de toda la trayectoria, al menos tal y como conocemos la fórmula hoy. Assassin's Creed necesita ya innovaciones radicales, pero al menos éste Black Flag todavía es disfrutable, muy conseguido en multitud de factores y piezas.

Selvas, playas, ruinas mayas, capitales costeras, cavernas con tesoros, verticales aldeas pescadoras, fortalezas españolas amuralladas...
Selvas, playas, ruinas mayas, capitales costeras, cavernas con tesoros, verticales aldeas pescadoras, fortalezas españolas amuralladas...

Este Análisis habla así de una superproducción extraordinaria a la que le pesa demasiado su pasado repitiendo esquemas pero que al mismo tiempo es posible precisamente gracias al perfeccionamiento de su propuesta, motivado por esto. Lo que el jugador recibe, claro, es un juego muy bueno y trabajado que en realidad ya no es sobresaliente por su explotación previa y por el elevado contexto actual del género, con maravillas en el sandbox como GTA V dominando la escena. Tampoco en lo técnico es ninguna obra de vanguardia ya que mantiene motor gráfico de forma absoluta, ni en el multijugador con sus modos habituales más algunos añadidos entre los que destaca el GameLab, aspectos que son notables pero no sobresalen de lo que ya se viene viendo durante años en los online. El nuevo universo pirata, de tesoros en cofres señalados en mapas que viajan en botellas, marineros respetables a menudo ebrios de ron, picaresca para la supervivencia y el robo de necesarios doblones, distinción de clases marcada con la Guardia atemorizando a la plebe o el trópico como entorno de duelos a espada o trabuco y aventuras bucaneras, este AC IV llama poderosamente la atención solo con su puesta en escena y valores que recoge, formando una historia de novela bastante bien hilada y que empieza de forma abrupta, sin el sosiego inicial que sí caracterizó por ejemplo a la entrega protagonizada por Connor, con varios parones de ritmo posteriores desacertados.

Assassin's Creed IV: Black Flag es por supuesto una mirada frontal a la Historia de la colonización americana, a cómo dos siglos después de la llegada de Colón y sus hombres a tierras indígenas el ascenso hacia Norteamérica creó este conjunto de ciudades y regiones conflictivas, con capitales como La Habana o Santa Lucía como cunas del comercio, las relaciones diplomáticas y el Gobierno, pero también las más peligrosas de todo el Caribe. Los Templarios y La Hermandad de Assassins vuelven a verse las caras y cruzar a sus mejores hombres a través de la época que se recoge, con el capitán Edward Kenway como eje de esta trama repleta de engaños canallas y mucha carta de navegación, pues los mares acogen una presencia casi tan fuerte como las ciudades y los entornos vírgenes de playas y selvas tropicales de palmeras, cascadas y aldeas de chozas de madera y paja. Nueva conexión del Animus encontrada, nuevo ambiente por explorar y objetivos a aniquilar, con o sin sigilo, a espada, daga, trabuco o cañón. El mundo bucanero merece un juego así, aunque realmente no vaya mucho más allá de otros intentos de Ubi.

El multijugador se ha refinado, también el combate y la variedad de armas, algo necesario.
El multijugador se ha refinado, también el combate y la variedad de armas, algo necesario.

Abstergo

Desmond Miles cerraba su parte del guión, principal, en Assassin's Creed III, y a cambio en la disposición sobre la actualidad de este AC IV manejamos a un trabajador de Abstergo recién llegado y de identidad desconocida, solo inicialmente presentado en la avanzada empresa de investigación temporal como "el sucesor de Desmond". Desde perspectiva en primera persona el jugador se siente ahora más cerca de este nuevo personaje, más unido a él en cuanto se le hacen las primeras presentaciones, se habla de Aveline de Grandpré (protagonista de Assassin's Creed Liberation original de PSVita) y "su llegada a nuevos sistemas" o se señala el nuevo procedimiento de trabajo y Animus de última generación, ahora con soporte en gafas de realidad virtual. La sincronización al máximo según las tareas que realicemos y coleccionables recogidos vuelve a marcar todo el esquema de interfaz, muy limpia y clara, una vez trasladados a la época pirata. En este juego se miden bastante bien los acontecimientos entre el presente y las primeras décadas del siglo XVIII a través de los ojos de Kenway, el pirata de agua y tierra que dará lugar a Haytham, padre de Connor y quien abría el título del año pasado con aquel pausado arranque, aquí por suerte no imitado. Lo cierto es que en ritmos Black Flag da un verdadero paso adelante, la narrativa es ágil e interesante, sin abuso de zonas y situaciones en el guión central.

Edward tiene destreza para manejar navíos y el liderazgo suficiente como para hacerse con una tripulación, cuidándola y mejorándola cada vez con obsequios como barriles de ron, mejores cañones o letras de salomas. Su ascensión y honor en el mundillo pirata van en relación a sus actos, también sus habilidades al timón o en combate. Los abordajes a otras embarcaciones eran la orden del día en una atmósfera tomada por la codicia y la rivalidad. Así, trajes de época, grandes nombres reales, conflictos civiles y otras particularidades de la cultura de 1715 quedan una vez más perfectamente integrados en un gameplay que busca bastante más la variedad con encargos no tan centrados en el encuentro y recogida/asesinato, sino también con situaciones que disponen diversas formas de afrontarlas, deja una sensación más libre que en anteriores aunque bien es cierto que cualquier salida excesiva de las guías preparadas supone desconexión del Animus y vuelta al reinicio del último punto de guardado, no lejano en ningún caso pero que puede crear atasco para quien no esté habituado a su particular transcurso jugable.

La vidilla del puerto y los mercados en las ciudades expresa claramente otra época, otros intereses, temores y valores.
La vidilla del puerto y los mercados en las ciudades expresa claramente otra época, otros intereses, temores y valores.

Vestigios y experiencia

Desaparecen los bugs de ACIII pese a que se mueven entornos aún más grandes y detallados. Ubisoft sabía bien que ése fue uno de los lastres más graves de la aventura de Connor en sentido técnico y que AC IV, tras más de dos años en desarrollo y creación y varios equipos de la compañía trabajando conjuntamente, no podía volver a repetir semejante hazaña, con partidas con rarezas visuales para casi todos los jugadores. Mantiene el motor de la saga y el déjà vu es también visual, con alguna tosquedad en los giros de cámara o popping visible en zonas abiertas y horizontes lejanos, defectos probablemente corregidos en las versiones next-gen. Pero más allá de esto, la puesta en escena es sensacional una vez más, con ciudades repletas de detalles en sus callejuelas, gente que va y viene en todas direcciones, interactúa entre sí, etc. Y paisajes de postal en la traslación de la selva virgen de cascadas y playas paradisíacas a la pantalla, también repleta de polígonos.

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8,6
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Desarrolla: 
Ubisoft
Género: 
Acción, Aventura
Subgéneros: 
Sandbox
On-line: 
8 Jugadores
Lanzamiento: 
29/10/2013
Voces: 
Español
Texto: 
Español
Plataforma: 
PS3
También en:
360 PC PS4 WiiU XBO
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