Tunnel Rats
Incoherente en todo momento, Tunnel Rats es una obra que no consigue cumplir ni siquiera los más básicos estándares de los FPS. Lo que debería ser una adaptación fácil, Uwe Boll la ha comprendido muy mal y ha sido incapaz de crear hasta un título en el género más básico; bastaría con una sucesión de escenarios variados en los que nos atacasen soldados del Viet Cong, con variedad de armas para utilizar. Una dinámica que ni siquiera tendría que estar enfrentada con el sistema de túneles, pero es que este juego parece no ser capaz de encontrarse a sí mismo, perdiéndose en una mezcolanza de géneros que no parece tener pies ni cabeza en ningún momento. De hecho, en ocasiones parece una aventura gráfica, en otras nos enfrentamos a minijuegos, y cada cierto tiempo, enfrentamientos contra los soldados enemigos.
Por ejemplo, hay bombas de cordel que deberemos desactivar si no queremos que nos exploten en la cara. Se trata de un minijuego en el que deberemos hacer click, derecho o izquierdo, en el momento adecuado. ¿Cuál es? En teoría las franjas verdes de una barra inferior, pero tiene un funcionamiento aleatorio que puede hacer que funcione o no, sin explicaciones lógicas al respecto. Dado que el juego usa un sistema de autoguardado y estos puntos de control están predeterminados y bastante separados entre sí (no se puede guardar por nuestra cuenta), esa aleatoriedad puede resultar muy molesta, porque nos obliga a repetir desde muy atrás y con el defecto de que igual no somos capaces de superar una trampa que ya habíamos pasado anteriormente.
Las trampas nos matan de un solo golpe, y para desactivarlas parece que casi estamos en una aventura gráfica, debiendo, por ejemplo, desactivar trampillas del suelo dejándolas bien al descubierto y pasando el seguro para que no se abran. Así avanzaremos por los túneles, que en su mayor parte están vacíos, atentos a posibles trampas. Para ello tendremos una linterna, que nos servirá para alumbrarnos el camino, pero que no podemos ir con ella todo el tiempo porque si hay soldados enemigos, nos verán y atacarán. Sin luz, no veremos prácticamente nada y seremos presa fácil de las trampas preparadas en los túneles; una dinámica bastante molesta que provocará que acabemos ignorando a los soldados, que a fin de cuentas no son una gran amenaza.
Hay dos cosas que podemos hacer durante nuestro avance: recoger placas de identificación de nuestros compañeros caídos y trofeos de guerra (orejas de los enemigos). Hacer esto no vale de nada, realmente, salvo para el contador que aparece al final de los niveles. Un detalle interesante del juego es el estado de locura que empieza a invadir lentamente al personaje, pero ni siquiera eso se explota. Está ahí latente, y en ocasiones se nos dan muestras del cambio mental que está sufriendo el buen hombre, pero al llegar al final nos da la sensación de que esos guiños eran casi casuales, en absoluto intencionados por la nula relevancia que tienen. La desesperación ante las oportunidades perdidas es constante a lo largo del juego.
Apartado técnico
Desfasado en todos y cada uno de sus aspectos técnicos, Tunnel Rats no consigue ni siquiera de estar al nivel del FPS medio de hace diez años. Las texturas son bastante mejorables, y los túneles se repiten hasta la saciedad, convirtiéndose, prácticamente, en un único escenario. Consiguen transmitir la sensación de perdición y desesperación, pero no por los motivos adecuados; los exteriores, sin grandes alardes, están a un nivel muy superior al ofrecido por los pasadizos subterráneos. Curiosamente, estos no se parecen demasiado a los que se crearon en realidad durante la guerra de Vietnam, pero eso tampoco tiene por qué ser algo clave para el desarrollo del juego. Los abundantes bugs sí que son más molestos, impidiéndonos por ejemplo el lanzar granadas.








