Tunnel Rats
Resulta casi ridículo que uno de los nombres más conocidos en el mundo de los videojuegos sea el de Uwe Boll. No en vano, el cineasta alemán ha creado varias películas basadas en videojuegos, y todas ellas con nefasto resultado: House of the Dead, las dos entregas de Alone in the Dark, las dos entregas de Bloodrayne, Far Cry, Postal, Dungeon Siege Un hombre odiado por la mayoría, pero querido por una pequeña cantidad de seguidores que esperan ansiosos sus nuevas creaciones. Parecía que con Tunnel Rats Uwe iba a romper un poco su tendencia y ofrecer una cinta completamente original, sin relación alguna con un videojuego, pero no tardaría en anunciar que, junto al filme, llegaría una adaptación jugable. El primer juego en llevar el sello de Boll KG.
Uwe Boll es un hombre que se siente orgulloso de todas y cada una de sus creaciones, considerándose a sí mismo un genio incomprendido al que, antes o después, se le reconocerá su grandeza. Justamente por eso, siempre que habló de este juego, fue para alabarlo; pero desgraciadamente (o como muchos preveían), el juego no está al nivel en ninguno de sus aspectos, y dista mucho de ser digno de alabanza. Creado por Replay Studios, el juego ni siquiera es digno de compararse con la otra obra del estudio de reciente lanzamiento, el interesante Velvet Assassin. Los motivos de este fracaso pueden ser varios, desde el escaso presupuesto que se manejó para esta obra hasta las propias limitaciones del producto original, que pese a ser una de las mejores creaciones del director, ni siquiera llega al aprobado.
La base de esta franquicia son los llamados 'tunnel rats', soldados durante la guerra de Vietman de origen norteamericano, australiano y neocelandés, que llevaban a cabo misiones bajo tierra. Excavaban túneles de longitudes impresionantes, y desde debajo de la tierra llevaban a cabo distintas misiones de espionaje y destrucción. La película se basa, ligeramente, en esos conceptos. Un grupo de soldados en Vietman llega a un campamento base, en medio de la jungla, y exploran unos túneles que se encuentran. Pero están llenos de peligros y de soldados del Viet Cong; esa es la idea de una película que ni siquiera tiene un guión: según el propio Uwe Boll, todos los actores improvisaban sus frases.
El juego empieza donde lo deja la película, o al menos ese pretende. Siguiendo con la tradición Boll, las cosas suceden porque sí y no parecen conservar ningún sentido lógico a la larga. Después de una confusa introducción, en la que nos narra con escenas estáticas un poco los sucesos previos, nos encontramos en una prisión bajo tierra; todos los demás han muerto salvo nosotros, algo extraño dado que todos se encontraban encerrados en la misma cárcel, y el protagonista buscará venganza en los túneles subterráneos cercanos. Estarán, al igual que en la película, cargados de trampas y soldados enemigos, y nuestro deber será, supuestamente, encontrar más supervivientes norteamericanos y salir de allí.
Decimos supuestamente porque, en realidad, el juego carece de ningún objetivo real. Todo lo que hagamos nos lleva a ninguna parte, dejándonos abandonados en la red de túneles sin hacer nada más que avanzar hasta el lugar donde veamos un helicóptero accidentado para descubrir que no hay supervivientes, enfrentarnos a unos cuantos soldados del Viet Cong que nos atacan, y de nuevo a los túneles hasta el siguiente punto. Estos túneles pueden llegar a ser laberintos demasiado complejos, con tantas secciones idénticas que es inevitable perderse sin remedio, algo que resulta frustrante. Al llegar al final del juego, algo que no lleva demasiado tampoco, nos quedamos con la incógnita de a dónde nos llevaba todo esto, cuál era la idea oculta tras el juego, qué nos querían narrar. La respuesta es, simple y llanamente, nada. Pocos juegos son tan vacíos argumentalmente como éste, a todos los niveles.

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