Civilization IV: Colonization
Cuando Sid Meier y Brian Reynolds crearon Colonization lo hicieron al amparo del enorme éxito de Civilization y de la revolución que introdujo en el mundo de los videojuegos, eran otros tiempos y la estrategia por turnos estaba representada en toda su extensión, y con un amplio abanico de posibilidades. Desde entonces el número de opciones ha decrecido bastante y a veces hasta resulta complicado encontrar esta clase de juegos sin que se llamen "Civilization" -algo que curiosamente también sucede aquí-. El hecho de que Firaxis haya necesitado recurrir a una expansión de Civilization IV para poder recrear un juego tan querido como Colonization dice mucho de las dificultades actuales para la estrategia por turnos más clásica.
Con un nuevo equipo, sin la visión de Brian Reynolds en el diseño y siendo una expansión de Civilization IV, que no puede ser más distinto a este título, había dudas más que razonables sobre qué tipo de Colonization sería este ¿remake? ¿secuela? ¿actualización? la respuesta sería definitivamente remake porque eso es exactamente lo que es. La estrategia utilizada es respetar por completo el diseño original hasta sus ultimas consecuencias, añadirle algunas pequeñas mejoras y ampliaciones insignificantes en el gran orden de las cosas y proporcionar una experiencia fiel al original, con el extra del multijugador online, pero sin arriesgarse a arreglar lo que no está roto.
El planteamiento es muy sencillo en principio, como enviado de una de las cuatro coronas europeas partícipes en el juego: Inglaterra, Francia, Holanda y España -Portugal estámisteriosamente desaparecida- tu misión primera es la de conquistar nuevos territorios a mayor gloria del rey, pero el objetivo final es el de alcanzar la independencia en un plazo determinado, aguantando en el proceo las iras de la madre patria que no acogerá con agrado semejante movimiento. Ese simple planteamiento genera una mecánica muy elegante y realmente entretenida de jugar ya que el viejo continente es clave para el desarrollo de tus dominios, pero a la misma vez es exigente y muy volátil, por no hablar de que el objetivo final es el enfrentammiento, lo que genera ciertas tensiones y equilibrios que forman parte de la espina vertebral de cualquier partida.
Además de las tensiones con el viejo continente, están también las relaciones con los indígenas, formados por pueblos de larga tradición como los Mayas, los Sioux o los Aztecas que en un principio acogerán a los nuevos vecinos con los brazos abiertos -ya que eso cambie depende fundamentalmente del jugador-. Por un lado, una relación hostil y basada en la conquista -la estrategia más apropiada para las bonificaciones de los españoles- cuenta con la posibilidad de un avance y enriquecimiento muy rápido, a costa de perder posibles socios comerciales o aliados en futuros conflictos. Aunque cada nación tiene sus ventajas y penalizaciones asignadas por defecto, no son tan determinantes como para forzar al jugador a un camino predeterminado con ellas -eso sí, la I.A sí que obedece a esa máxima, por lo que cada vez que veas a los españoles en el juego, su comportamiento no será muy distinto del de una plaga de langostas, engullendo todo a su paso-.

Compartir







