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Fallece a los 69 años Harold Ramis, Egon en Los Cazafantasmas

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“No importa lo que tenga que decir, aún intento decirlo en formato de comedia”,
Harold Ramis

“¿Quién es Harold Ramis?”, os preguntareis los más jóvenes de por aquí, un hombre cuyo legado se traduce  en unas doce películas como director y no demasiadas más como actor en poco más de 30 años de carrera, algunas verdaderos iconos en la cultura americana, y con cierta popularidad en su momento en este país, pero olvidadas en el tiempo. Y aún así, Harold Ramis conseguirá perdurar en el imaginario colectivo no solamente como el verborreico doctor Egon Spengler en los Cazafantasmas, o el director de Atrapado en el Tiempo, sino como uno de los renovadores de la comedia americana de situación en su transición a la época contemporanea, con un particular sentido del humor vitriólico en ocasiones, de manual Slapstick otras, pero siempre punzante en su más pura esencia y con el absurdo y/o la seriedad por bandera.

Harold, Bill, Dan, John
Tras lograr no ir a Vietnam en los 70 después de tragar metanfetamina para fallar a posta en las pruebas físicas, Harold Ramis y su mano para ese tipo de humor que caracterizó toda su obra se fueron consolidando en publicaciones como el Chicago Daily News, Playboy – Editor de Chistes en la publicación del amigo Hugh Hefner en la etapa más popular de la revista-, y en grupos de improvisación cómica como The Second City, con base en su Chicago natal donde nació, vivió y murió. The Second City, tanto en sus sketchs en directo como en su salto a la televisión con SCTV, reunió a nombres demasiado olvidados ahora, pero enormes monstruos de la comedia que los cómicos actuales, ya sean directores, actores, guionistas o Stand Up de improvisación citan siempre como referentes ineludibles. Junto a Ramis, que además escribía el material, podemos citar a John Candy, Bill Murray, Dan Aykroyd o John Belushi, nombres capitales en los orígenes del humor contemporáneo que además se expandieron al cine con éxito.

Stripes, usando lo que él consideraba lo más necesario para ser un actor: Pelo enorme y accesorios divertidos
Stripes, usando lo que él consideraba lo más necesario para ser un actor: Pelo enorme y accesorios divertidos

Ramis empezó tras la pantalla con la adaptación de National Lampoon, traslación física de los cánones de la rompedora revista satírica nacida en los 70 –en plena etapa de la guerra del Vietnam-, escribiendo Desmadre a la Americana, una de las cintas más representativas del cine americano popular y la película definitiva sobre las hermandades universitarias, protagonizada por una hermandad de estudiantes borrachos, sucios, pasotas que quieren hacerle la puñeta al Decano serio en la que brillaba un John Belushi  pre-Blues Brothers pletórico, popularizando el grito de guerra yankee universitario que podéis ver aquí: Toooga, toooga, tooooga!!!”. Meatballs, Los Incorregibles Albondigas, fue su segunda cinta como guionista, y la primera en la que lo reúne con compañeros junto a los que repetiría como Ivan Reitman en la dirección y Bill Murray frente a las cámaras. Caddyshack, El club de los chalados en España, supuso su debut en la dirección, con otros iconos de la comedia USA de la época como Chevy Chase o Rodney Dangerfield, además de Murray de nuevo en el reparto.

Al año siguiente, 1981, Ramis y Murray se ponen frente a la cámara de Reitman para El Pelotón Chiflado, otra de esas películas que forman parte de la cultura popular de los EEUU, y de las que muchas líneas de sus diálogos forman parte del léxico americano. Otra entrega de National Lampoon, Vacation, con el personaje fetiche de Chevy Chase ‘Clark Griswold’ –mitificado en la icónica SOS Ya es Navidad-, pone a Harold tras las cámaras en 1983. Pero al año siguiente llega el que sería su papel más conocido frente a las cámaras y de sus mejores guiones: Los Cazafantasmas, The Ghostbusters. El ejemplo perfecto y habitual que ejemplifica la definición más básica de blockbuster de entretenimiento y espejo de la cultura popular de los años 80, Ghostbusters era una cinta carísima, con una mezcla únicay muy arriesgada de comedia seria y cinta de fantasmas que llega a asustar –su director siempre la define como “una comedia que da miedo y una peli de terror con la que te ríes”- merced a una BSO que pone los pelos de punta en su partitura y una trama con un background informativo tan trabajado que parece real –Dan Aykroyd es un firme defensor de la parapsicología y la Ufología. Su destino era fracasar, pero no fue así, sino que su destino rea fue entrar en cultura popular. Y Ramis iconizó al nerd Egon Spengler, autor de todos los gadgets y los populares equipos de protones que todo niño de los 80 queríamos.

Groundhog Day
Después de otras cintas como autor, y de la pertinente secuela de Cazafantasmas, la cual no estuvo a la altura del original y fue más fallida –quizás que por eso es más de culto aun que la primera-, el segundo punto de inflexión en la carrera de Harold Ramis viene con el considerado grial de su filmografía y una de las comedias más inteligentes y redondas que se han escrito, rodado e interpretado. Atrapado en el Tiempo nos proponía una trama más del estilo de Twilight Zone que de una comedia, con un INMENSO Bill Murray que debe vivir una y otra vez las mismas 24 horas con el Dia de la Marmota como telón de fondo. Infravalorada en su momento, del en apariencia sencillo, pero verdadero tour-de-force de Ramis y Murray solo diremos que en 2006 fue inscrito en el Registro Nacional de Películas de los Estados Unidos y catalogada con la etiqueta de “Cultural, Histórica o Estéticamente significativa”.

Cada vez más alejado de la pantalla como actor –aunque volvía de vez en cuando-, Ramis siguió haciendo en los 90 lo mejor que se le daba y fiel a su estilo, que se tradujo en otras cintas quizás adelantadas a su época como Mis Dobles, Mi Mujer y Yo o la más comercial Una Terapia Peligrosa –una relectura cómica de la carrera de papeles mafiosos de Robert de Niro con unos gags excelentes y unos actores entregados-, como la respetuosa parodia de El Padrino.  En el nuevo siglo no vimos brillar su genio en la comedia como antes: Al Diablo con el Diablo es más recordada por una sensual y pérfida Elizabeth Hurley y un despliegue de personajes de Brendan Fraser; la secuela de Una Terapia Peligrosa fue demasiado floja tras una primera entrega que seguía siendo divertidísima. Y la naturaleza indie de bajo presupuesto de The Ice Harvest pasó muy desapercibida. Después de desfoguearse de nuevo a gusto con la serie de The Office, Ramis dirigió y escribió su último film, Year One, que también pasó sin pena ni gloria y con unas críticas mediocres.

 

 “We’re Back!”hregon_big.jpg Captura de pantalla
Coincidiendo con el 25 Aniversario del estreno original, en 2009 se lanzó un nuevo videojuego basado en Los Cazafantasmas que no se limitaba a ser una excusa jugable, sino que contó con un guión ambicioso en tamaño e intenciones que nos narraba la que bien podría haber sido la tercera película, impecablemente escrito por los autores originales de la IP: Dan Aykroyd –que concibió la idea- y Harold Ramis. Ambientada dos años después de Ghostbusters II, y rescatando el genial McGuffin del arquitecto Ivo Shandor y Gozer, el juego nos invitaba a recorrer de nuevo los pasillos del hotel de la primera película, resolver la deuda pendiente con la bibliotecaria Fantasma -un nivel que comienza en el exterior de la biblioteca para llevarnos tras una aterradora sala infantil y un macabro sótano al Mundo Fantasma y traernos de vuelta-, atravesar las calles de NY esquivando al Marshmallow Man y sus criaturas de nata o, caso del último nivel, atravesar un terrorífico Central Park recorriendo incluso tumbas y nichos abiertos, con PS3, 360 y PC  llevándose la palma -a pesar de que la versión PS3 tenía una resolución menor a las otras, algo que se arregló en parte con un enorme parche-, ya que las otras son versiones tipo cartoonish.

Sin ser un éxito de ventas, son muchas las críticas a su (agradecida en los tiempos que corren) alta dificultad y a su esquema de control, en el que teníamos que cazar, debilitar y atrapar a la mayoría de entes. Un ritmo de juego que exige paciencia y que llegó a ser desesperante para algunos, aunque reconfortante para otros, cansados de apretar el gatillo sin más. La versión PS3 se benefició además de la implementación del sixaxis, que permitía hacer uso de sus funciones para cazar a los fantasmas, apresándolos, tirando de ellos y metiéndolos en la trampa. Todo un ejercicio físico (al igual que Folklore) durante las 8-10 horas de juego. Redondeando un conjunto no del todo perfecto, aunque tampoco aspiraba a ello, teníamos las voces originales de los cuatro integrantes, magníficamente dobladas por sus respectivos dobladores, y el magistral uso de la tenebrosa BSO de la primera película. Un juego que divide a los usuarios pero que sin duda encanta a los acérrimos fans de la saga y que supuso el broche en general a la carrera de Harold Ramis, que al menos en formato virtual, se despidió con un material co-escrito como debe ser, con su amigo Dan y digno de él y de su humor, que impregna cada diálogo y parte de la trama –la mejor frase made in Ramis es sin duda cuando Aykroyd/Ray se pregunta porqué de nuevo el hotel Sedgewick se ha llenado de entes y Ramis/Spengler le contesta con su seria ironía “Bueno, la gente sigue muriéndose cada día”.

harold_ramis_01-600x350.jpg Captura de pantalla

"Pelo enorme y Accesorios divertidos"
Actores y directores de la nueva comedia americana como  Jay Roach, Jake Kasdan, Adam Sandler, o Peter & Bobby Farrelly siempre han señalado a Harold Ramis como influencia en sus trabajos. Pero Ramis era algo más; como habeis leído estuvo detrás de algunas de las cintas cómicas más recordadas de los 80 y 90, formando parte de esa ola de renovación que SCTV, Saturday Night Live o National Lampoon trajeron consigo. Para muchos, esa generación HD actual, puede que no sea más que el tipo de pelo cardado y gafas de pasta enormes que hablaba raro, hacía un humor absurdo y participaba en pelis con sketches comicos que no parecen ahora hacer gracia. Pero es precisamente su humor y el de sus compañeros el tipo de comicidad que propició con la que os reis ahora, aunque la parte inteligente parezca muchas veces brillar por su ausencia en los tiempos actuales. Su muerte, por una enfermedad que secretamente lo tenía agarrado desde 2010 –no trascendió a la Opinión Pública en un ejemplo de antítesis a las y los attention whores mediáticos que imperan ahora- se lo ha llevado a una edad joven aún, a los 69 años, justo cuando ese Cazafantasmas 3 que muchos deseamos más cerca parecía estar. Si se hace, será sin uno de sus pilares, tanto detrás –era el guionista- como delante de las cámaras, siendo el cerebro tras todo el aparataje y explicaciones técnico-científicas incomprensibles. Pero lo cierto es que se  nos fue ese tipo simpático que se hacía querer en sus actuaciones, que siempre tenía en público una sonrisa. Así que le diremos adiós como Bill Murray se despedía de Dan Aykroyd en Los Cazafantasmas justo antes de cruzar los rayos: “Nos veremos en el otro lado”.


“Un psicólogo me dijo una vez que solamente existen dos preguntas importantes que debemos hacernos a nosotros mismo: ¿Qué sentimos realmente? Y ¿Qué queremos de verdad? Si logramos contestarnos ambas, seguramente podemos dejar nuestras neuras atrás”, Harold Ramis

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