The Sky Crawlers: Innocent Aces
Básicamente lo que nos cuenta esta descripción es el uso de una subespecie de seres humanos cuya procedencia sólo conocemos a media partida. Los Kildren son seres especiales, niños que se suben a un caza para hacer la guerra sin conocer los principios de la guerra, o si quiera el motivo último de su combate. Sencillamente no existe tal cosa. Ellos son los encargados de hacer funcionar el circo en el que se ha convertido la guerra actual; no se arriesgan vidas, los pilotos de antaño se retiran o mueren en las escaramuzas que se disputan en el cielo, y de una forma u otra acaba por imponerse el sentido común. ¿Para qué arriesgar vidas cuando otros pueden ofrecer el espectáculo que tanto se desea? El jugador encarna a Lynx, un piloto que se une a un escuadrón de combate liderado por el capitán Yamasaki. A él le corresponde mostrar la forma de actuar en el campo de batalla, educar a los pilotos, de ayudarles a mantener la cordura pese a los extraños acontecimientos que se suceden cuando comienza a desarrollarse la trama.
La línea a seguir del argumento es a grandes rasgos la que Project Aces ha utilizado en los capítulos recientes de Ace Combat. Antes de la mayoría de los combates presenciamos una escena animada donde los personajes muestran su forma de ser, sin incidir demasiado en su pasado o en los motivos que les llevan a convertirse en soldados. Después del anime de marras (de factura sobresaliente, como siempre con Production IG) toca presenciar una explicación de la estrategia que debemos seguir en combate. Un plano muestra a los enemigos que nos vamos a encontrar, lo que posteriormente nos permite tener una idea de qué clase de arsenal equipar en el caza para salir a combatir. La historia es interesante, aunque se toma su tiempo para entrar en materia. No debemos esperar nada a la altura de los libros o de la adaptación anime, tampoco lo pretende.
Entrando en materia
Antes siquiera de que se produzca el pistoletazo de salida con el que arranca la historia, el juego obliga a participar en los tutoriales que enseñan al usuario cómo controlar tanto el movimiento del avión como los CMT, las maniobras con las que nos ocupamos de hacer frente al enemigo de forma semi-automática. Ya habrá tiempo de comentar este aspecto más adelante; de momento nos interesa la presentación de la mecánica de juego. Poco o nada se puede añadir en este sentido que no se haya explicado un centenar de veces en anteriores Ace Combat: un comandante nos asigna un objetivo que debemos cumplir para pasar a la siguiente misión, con un total de 20 pruebas en las que debemos superar retos de toda índole. No sólo derribar al enemigo o eliminar a las unidades de tierra, sino también participar en simulacros de combate, sacar fotos de bases enemigas para que sean estudiadas por expertos, etcétera.
La variedad de las misiones es uno de los puntos más destacados del paquete que ofrece este Sky Crawlers. Es fundamental apreciar en su justa medida este hecho, ya que viene siendo la única posibilidad jugable que nos ofrece el juego. No hay más modos de juego que el que se hace eco del argumento, con posibilidad de disputar las misiones por separado en cualquiera de los tres niveles de dificultad que el jugador podrá seleccionar. Así pues, desde el menú principal sólo podremos acceder a las opciones de juego, desde donde encontramos distintas configuraciones para manejar nuestro caza, o al tutorial, divido en tres secciones: Volar con Gracia, Combate Aéreo y Por la Victoria. Puede que el lector se pregunte si realmente es necesario superar este primer punto para disfrutar del juego: lo cierto es que sí. Por su puesta en escena, The Sky Crawlers es un simulador atípico, que basa todo su sistema de control en el sensor de movimientos que ofrece Wii.
El tutorial se esfuerza por hacernos comprender los patrones básicos del juego en este sentido, todo lo que necesitamos saber para manejar el caza que estemos pilotando. Existen distintas configuraciones, como fue expuesto anteriormente, que el jugador podrá seleccionar según sus preferencias, aunque siempre se ha de manejar nuestra nave mediante el binomio wiimote/nunchuk. Con el primero medimos la velocidad, mientras que el segundo regula la altitud y el arsenal que hayamos equipado en el avión. Todo lo que respecta al movimiento es lo viejo conocido: la inercia del aparato nos obliga a tener muy en cuenta la estabilidad del mismo al volar a bajas revoluciones, con todo lo que esto conlleva a la hora de realizar piruetas y otras filigranas. Para poner en práctica este apartado contamos con la ayuda de las ya mentadas CMT, determinadas maniobras que efectuamos con el nunchuk, y que generalmente nos ponen en situación ventajosa en relación al enemigo.










