Onechanbara: Bikini Zombie Slayers
Destrozar zombies se traduce en una recompensa de experiencia, fundamental para lograr más vitalidad, velocidad, energía y alcance en los ataques. Podemos encadenar varios combos en los que se suma la cuenta de ataques y de enemigos derribados. Depende de nosotros mismos cuánto tiempo deseemos invertir batallando contra los enemigos, ya que estos se regeneran al abandonar la escena en cuestión, posibilitando el obtener más experiencia y mejorar los atributos del personaje. Esta es la única forma de garantizar una vida útil extensa, que nos incita a repetir una y otra vez los mismos escenarios -todos son limitados, similares entre sí- y a disputar todos y cada uno de los modos de dificultad para exprimir el 100 por cien de esta modalidad.
Con todo, contamos con varias posibilidades que se desbloquean según avanzamos en el modo historia. Junto a la posibilidad de disfrutar de los escenarios sin límite de tiempo -con la finalidad de recoger los objetos que desprenden los muertos vivientes y las distintas variedades de estos- contamos con un modo de misiones, consistente en cumplir determinados requisitos en un capítulo que previamente hayamos visitado en el modo historia. Cada hermana tiene sus propias misiones, que generalmente no van más allá de obtener un objeto específico, matar a una cantidad determinada de enemigos, lograr superar el nivel sin recibir daño, etcétera. Alrededor de diez misiones por capítulo, este factor proporciona una motivación adicional para disfrutar varias horas a los mandos de la consola.
Sacudiendo el wiimote
La movilidad de los dos personajes es considerable. Además de los ataques y de la posibilidad de esquivar las embestidas enemigas podemos efectuar variedades específicas, como pegar un puñetazo, empujar al enemigo o sencillamente bloquearnos en nuestra mira e ignorar al resto que nos rodea. En Onechambara primera la rapidez con la que ejecutemos las combinaciones de golpes, y la precisión con la que movamos los mandos. Es importante combinar el movimiento del wiimote con el del nunchuk, siempre y cuando hayamos elegido las dos espadas en vez de una sola, o los puños de Suki en vez de su prolongado sable. Dependiendo de qué estilo elijamos nos veremos obligados a sacudir uno o ambos periféricos, sin más posibilidades que estas.
Tenemos que tener un ojo siempre puesto en el indicador de energía y otro en el de cansancio, ya que grandes dosis de sangre conllevan a una transformación del personaje que nos posibilita, tal y como comentábamos anteriormente, efectuar rápidas transiciones previamente a la muerte del protagonista. Es aconsejable aprender a emplear estas limitaciones para sacar el máximo partido a los combates, que logran motivarnos a continuar la aventura sin apenas cargas entre escenarios, con capítulos de duración media y en general bastante agilidad para devolver la acción a la pantalla. Si buscamos algo más que sangre, gore, acción y pechos desproporcionales, Onechambara pierde por completo todo su encanto, por lo que obviamente es un producto dirigido a un público muy específico.
El modo Survival es la última posibilidad para sacar más rendimiento al producto, que también se amplía mediante el modo historia, otorgándonos la posibilidad de jugar en cooperativo con algún amigo con el objetivo de comprobar cuál de los dos obtiene mayor puntuación, además de mejorar la experiencia de ambos personajes. Sería muy extraño que un título de estas proporciones no ofreciese un modo multijugador, y ciertamente hay que admitir que D3Publisher ha hecho lo posible por incluirlo con calzador. Podríamos exigir más, pero esta es la tónica imperante en todos los aspectos del juego.










