GTI Club Supermini Festa!
Lo de Konami no tiene explicación en esta generación. Vaya por delante que durante muchos años estuvo en la cresta de ola, que supo mantenerse en su posición generación tras generación hasta que la industria alcanzó la denominada next-gen. Si ahora miramos hacia el pasado, duele ver cómo una empresa mítica donde las haya ha ido de más a menos, de culo y sin frenos permitiéndose la expresión vulgar. Nadie ha sabido -o podido- parar la deceleración de la compañía japonesa que hace una década encontraba en Metal Gear Solid, Pro Evolution Soccer o Castlevania bazas suficientes para subsistir durante un siglo. De hecho ha sido su mala adaptación a los tiempos que corren el principal motivo de la decadencia en la que se encuentra sumida a día de hoy. Todavía hay quienes se quejan de Square Enix, de Nintendo o de Namco Bandai, pero entre todas es Konami la que peor parada sale de las comparaciones.
La poca suerte de sus franquicias icónicas durante esta generación (salvando honrosas excepciones) no hace referencia sólo al ocio doméstico, sino también al recreativo, que todavía cuenta con bastante fuerza en Japón. GTI Club ha sido por méritos propios una de las franquicias más respetadas por los aficionados gracias a su sabia mezcla entre arcade, acción y diversión, especialmente en el plano multijugador. Pocos serán los que hayan entrado a un salón recreativo y no reconozcan la peculiar musiquilla que retumba en la cabeza mientras derrapamos a toda velocidad por las bellísimas calles de los países que el título se molestaba en recrear. De aquellas eran pocos los elegidos para poder manifestar una calidad técnica tan elevada, pocos los que podían permitir elaborar con tanta soltura un entramado gráfico tan ágil como vistoso en pantalla.
Después de dar el salto a la sobremesa con PS3, en una pobre demostración de las posibilidades reales del juego en una consola que ha puesto de relieve su poderío técnico desde distintas perspectivas, Konami decía repetir la operación. Esta vez la consola elegida sería Wii, que por su concepto se ajusta como anillo al dedo a las pretensiones del arcade, por lo que ya desde su presentación oficial el público se pudo hacer una idea de lo que se iba a encontrar en este sentido. ¿Un arcade de conducción optimizado para ser disfrutado entre cuatro amigos, repleto de minijuegos e interesantes pruebas de habilidad? Vendido. Puede que en otros géneros haya pesado la sombra del público que se decanta por la sobremesa de Nintendo (el aficionado casual, según los expertos), pero desde luego aquí el supuesto hándicap se convierte en una ventaja de la que muchas compañías (SEGA, Nintendo, Capcom) se han aprovechado para suerte de la comunidad de usuarios.
Patrullando la ciudad
La recreativa original nos invita a seleccionar uno de los varios modelos GTI, siglas que se hacen eco de la condición de Gran Turismo de Inyección, que entre el populo suele representar un automóvil con un caballaje cuando menos considerable o a tener en cuenta para la competición. Probablemente el caso más conocido es el del mítico Golf GTI que todavía hoy, en los nuevos modelos, cuenta con un prestigio de máquina altamente fiable y capacitada para dejar atrás a la mayoría de turismos de gama media que se encuentran en la carrera. Es, en fin, una forma de poner de relieve la potencia del vehículo en concreto que se vaya a utilizar. De ahí viene el título que se le otorga a la licencia: utilizar coches comunes en su categoría GTI es algo así como coger tu Panda y llevarlo hasta la siguiente potencia por medio de un motor que se presta a correr con él.
Después de seleccionar un modelo (entre los que encontrábamos tanto automóviles europeos como japoneses, los americanos no destacan precisamente en este sentido) toca seleccionar un circuito urbana en el que competimos contra otros GTIs que tratan de alcanzar la meta lo antes posible o, en su defecto, antes de que lo haga cualquier otro clasificado de la lista. El concepto lo conocemos de sobra gracias a la ingente cantidad de proyectos que parten con una idea semejante de base, aunque pocos son los que finalmente logran hacerse un hueco en el mercado. GTI Club lo conseguía, como decías anteriormente, en parte gracias a su jugabilidad y en parte gracias al notable apartado técnico del que hacía gala en su día. Por desgracia, ninguno de estos dos aspectos ha conservado su frescura a la hora de ser adaptado a Wii con todas sus consecuencias.

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