Final Fantasy Crystal Chronicles: The Crystal Bearers
Cuatro años. Es el tiempo que ha tardado el grupo de desarrollo de Crystal Bearers en preparar el proyecto que acabaría viendo la luz el último mes de 2009 en Japón para hacer acto de aparición en Estados Unidos poco más tarde. En el transcurso de este tiempo, bastante prolongado si se compara con el resto de producciones de Square Enix, el juego ha sufrido docenas de cambios y variaciones. La idea original era mantener la línea habitual de la serie Crystal Chronicles añadiendo novedades sustanciales en lo que se refiere a la jugabilidad, y para ello se debía tener un concepto muy claro de la personalidad del personaje que daría sentido al exigente guión que se estaba preparando. Después de dos años metidos en el ajo, el equipo de desarrollo mostró el título a puertas cerradas, con la consiguiente sorpresa que se llevarían al recibir toda clase de críticas y vilipendios sobre el trabajo que habían realizado.
Fue este el motivo por el que Square Enix decidió finalmente retrasar el lanzamiento del juego, anunciado desde la concepción de la sobremesa de Nintendo, cambiando radicalmente el planteamiento jugable, el motor gráfico y el argumento. Crystal Bearers pasaría de ser típico Crystal Chronicles tradicional para sumergirse en aguas de aventura y acción, alejado de lo que solemos entender por JRPG. De hecho, los elementos de rol sencillamente no existen, han sido suprimidos para dar protagonismo a otros aspectos que Toshiyuki Itahana, director de la obra, suele emplear en sus trabajos. Siendo el máximo responsable de Final Fantasy Fables, con el destacado papel de los Chocobos de por medio, no es de extrañar que el sentido del humor se haya impuesto por delante de otras características que se consideran imprescindibles en un título que lleve la coletilla FF.
En la industria de los videojuegos, los cambios no son siempre bien recibidos. El público que se ha acostumbrado a un estilo de juego determinado rara vez se interesa en propuestas novedosas o poco ortodoxas. Tal vez por esta razón los aficionados han ignorado las posibilidades de Crystal Bearers (por esto y por el lamentable port de Echoes of Time que se puso en escena como antesala del título que hoy analizamos) pese al interesante look del que ha venido presumiendo en los últimos eventos internacionales. Que el nivel de confianza en Square Enix está por los suelos es un hecho, se palpa en cada nuevo proyecto que se anuncia en el mercado. Pero no es motivo para renegar de esta aventura que por una vez, y esperemos que sirva de precedente, se adentra en campos que esta franquicia apenas había experimentado en el pasado. El resultado, como el lector ávido habrá comprobado por la nota otorgada, se aleja de las expectativas que habíamos depositado en él, aunque no por falta de originalidad o falta de buenas intenciones.
Un muchacho muy peculiar
Los Yukes han desaparecido. La tribu de los Lilties ha tomado el poder del reino, quienes imponen su forma de ver el mundo por encima de Clavats y Selkies. Son las cuatro razas que componen la mitología propia de Crystal Chronicles, cien años después de los acontecimientos de anteriores entregas (la primera en GameCube, luego pasando a Nintendo DS). Hay ciertas rencillas entre las distintas razas que pueblan el mundo, pero todas se resuelven con relativa tranquilidad. El mundo está en paz después de cientos de años de conflictos que sólo ahora tocan a su fin. Layle es el protagonista de nuestra historia. Sentado en su 'arriesgado' puesto de trabajo como protector de la nave Alexis, una horda de enemigos realiza un ataque sorpresa que le obliga a coger los bártulos y empezar a luchar. Todo aquel que haya visto uno de los muchos tráilers que pululan por la red sobre el juego conocerá la escena. Layle efectúa varias filigranas hasta que finalmente decide poner en práctica sus poderes especiales como portador del cristal, un hecho estigmático que le costaba ser rechazado por la sociedad en la que vive.
Tras librarse de los dragones que atacan la nave, Layle vuelve a la cubierta para ver qué ha sucedido. El tono es jovial, distendido, la música no se aleja de la épica pero no se relame en composiciones complejas. Todo lleva a la acción mediante el uso de un compás de juego que nos obliga a mantener la vista pegada en el televisor. Los personajes de la historia, encargados de dar sentido al guión de ahora en adelante, hacen acto de aparición paulatinamente en la pantalla. Primero Keiss, amigo íntimo de Layle que pilota la nave, con quien parece tener una relación desde la infancia. Luego Belle, que a efectos prácticos toma el papel de la heroína de turno con su peculiar sátira, interesante aspecto físico y terrible cleptomanía que la obliga a robarnos material de valor cada vez que tiene la ocasión. El personaje en el que centramos la atención es, no obstante, el Yuke que se proclama responsable al ataque de la Alexis.

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