Brave: A Warriors Tale
Bravo es el guerrero que aprende, que lucha, que sabe escuchar a los mayores con sus historias, que nunca piensa saberlo todo -muy al contrario de lo que sucede hoy con la juventud, haciendo válido el comentario ajeno al texto-. Brave: A Warrior's Tale afronta con bravura su embiste en las consolas de nuevas generación en un port de la versión de PlayStation 2 que aparecía hace algunos años, recibiendo valoraciones dispares por parte de la prensa especializada. La base de la aventura se mantiene idéntica en esta adaptación a Nintendo Wii -obviando la de 360 y PSP-, con ligeros cambios en el motor gráfico que le permiten lucir una apariencia mínimamente más elaborada que la que mostró en 2005 -no hace tanto tiempo considerando la poca o nula aportación que hace al género de las plataformas-.
Brave: The Search for Spirit Dancer contaba con varios elementos a tener en cuenta que han hecho acto de aparición en las nuevas versiones. El factor más importante que debemos tener en cuenta es el argumento, que apenas cambia respecto al original. El jugador se mete en la piel de Brave, un joven aprendiz que inmerso en la cultura chamánica ha de aprender los valores que representa el hecho de convertirse en un guerrero. Para llevar a buen puerto su aventura cuenta con el apoyo de un anciano, líder de la tribu donde se aloja la historia, que recibe el nombre de Oso Gris. Él es -después del breve prólogo, en el que aparece el descendiente directo del héroe de turno- el encargado de mostrarle las habilidades básicas que ha de dominar para valerse por sí mismo.
Su aprendizaje es rápido, equivalente a la duración total de la que hace gala el título, que se termina fácilmente en menos de seis horas. La verdadera historia se levanta cuando Brave y una muchacha denominada Flor de la Pradera, que encuentra dificultades a la hora de superar a un oso pardo que duerme apaciblemente en su cueva. Tras pisar una rama el mastodonte despierta, provocando una auténtica avalancha feroz por parte del animal silvestre que sólo logran superar precipitándose por una catarata que les salva de lo inevitable. Oso Gris observa la acción desde lejos, pacientemente, hasta que el muchacho finalmente aparece ante sus ojos. La revelación no tarda en llegar: Brave ha de convertirse en un héroe, aunque para ello primero debe aprender las habilidades que le permitirán alcanzar este estatus.
Poca chicha
La mecánica de Brave parece haber sido destinada específicamente para los más pequeños de la casa, no en vano representa una nula evolución respecto a otros referentes del género. De hecho los primeros compases de juego apenas nos muestran un sector dominado por la vegetación en donde el protagonista se las ingenia para dominar los conceptos fundamentales de su epopeya. El primero, por poner un ejemplo, consiste en aprender a sacar el palo de un arbusto desde la raíz para defenderse ante enormes abejas rupestres que inexplicablemente vagan por la zona. A continuación conocemos el resto de fundamentos de la aventura; escalar por hiedras, sumergirse en las profundidades, pescar, buscar huellas de animales por el suelo, comunicarse con ellos para obtener su ayuda en momentos puntuales, etcétera.
Precisamente la cantidad de acciones que puede realizar el héroe de la aventura es uno de los puntos más interesantes del producto, que pese a su corta duración garantiza cierto nivel de entretenimiento hasta que la partida obliga a repetir incansablemente las mismas acciones, que pocas veces van más allá de subir a lo alto de una cueva para volver a bajar en busca de algún utensilio que necesitemos y, una vez conseguido, volver a repetir la operación. Parece que la corta duración del producto -sin duda, una de las taras más intransigentes que encontramos a lo largo de la partida- ha obligado a los chicos de Collision Studios a bajar esta edición en una monotonía de movimientos y acciones que apenas requieren esfuerzo alguno por parte del jugador.

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