Animal Crossing: Let's Go to the City
Cuando oímos hablar de Wii Connect 24, aparte de sonarnos un tanto extraño, uno de los primeros juegos en el que pensamos fue sin duda Animal Crossing. Parecía hecho a su medida, por y para este título. Por eso, cuando Nintendo anunción por fin "Let's go to the city" nos emocionamos, se abría un mundo de posibilidades inmenso y con fecha de salida conocida, no un proyecto de esos que se alargan durante años incluso. Desafortunadamente, estando en la semana del lanzamiento, la triste realidad es otra.
El simulador social de Nintendo, por llamarlo de algún modo, no presenta una ristra de novedades que tire para atrás, más bien todo lo contrario. Cualquiera que jugara a Wild World verá que no hay mucho más para hacer en esta nueva entrega. Hay ciertas mejoras y crece en cuanto a cifras (más personajes, más vecinos, más objetos...) pero el núcleo en sí del juego permanece prácticamente invariable. Sin duda, es Animal Crossing, son horas y horas realizando actividades en el pueblo para lograr la casa ideal, entre otras cosas, pero probablemente no todo el mundo quiera repetir la experiencia casi tal cual.
Técnicamente da el nivel que uno puede esperar de esta clase de juegos. Desde luego no negamos que sea mejorable, pero realmente no lo necesita, cumple con los mínimos que se le podrían exigir. Lo que menos nos ha gustado han sido las texturas en algunas zonas o en determinados objetos, como las frutas, a las que no les habría venido mal mayor definición. De todos modos, se aprecia una cierta mejoría respecto a GameCube, lo cual es una buena noticia, no han reutilizado tal cual el motor de aquella versión. Sin embargo, no estamos ante el portento técnico que supuso Wild World teniendo en cuenta la máquina sobre la que se movía.
La cámara ha cambiado de perspectiva, abandonando la cenital inicial e incorporando la utilizada en Nintendo DS, con un efecto de bola del mundo en el pueblo al recorrerlo de abajo a arriba. No nos gusta demasiado puesto que la vista se encuentra demasiado cerca y limita el campo de visión de forma importante, aunque todo es acostumbrarse. Se puede, eso sí, pulsar arriba en la cruceta para otear el cielo a falta de una segunda pantalla como la que tiene la portátil. De vez en cuando pasan cosillas por las alturas que capturaremos con el tirachinas.
La configuración de los pueblos recupera las dos alturas, lo que complica movernos ya que sólo hay un par de puntos concretos por los que podemos pasar de una zona baja a una elevada. El río, que gracias a esto formará una cascada, no es, por tanto, el único obstáculo a salvar. Hay un detalle que casi podríamos definir como técnico que nos ha gustado mucho: según vamos caminando mucho por un sitio, el césped se va desgastando hasta formar un camino por las vías más habituales. Se acabó el tener que poner baldosas en el suelo para guiarnos, si es que alguno lo hacía...
Las melodías típicas de esta franquicia siguen presentes, alegres, tranquilas y simplonas, casan perfectamente con el esquema de juego. Destacar, por supuesto, las composiciones de nuestro perro favorito en la cafetería del museo, cuyas actuaciones podremos ver por primera vez en compañía a través de Nintendo Wi-Fi Connection. Aparte del silencio más absoluto, tenemos dos tipos de hablas a elegir para los personajes que cambian los ruiditos que hacen. En "animalés" pronuncian las letras e incluso las palabras, aunque muy rápido, así que cuesta bastante entenderlos. Resulta gracioso si lo hacemos, por cierto, con esas voces que utilizan.

Compartir










