Spore Creatures
Por encima de todo, Spore Creatures es una aventura con elementos de RPG que basa gran parte de su atractivo en la creación de diferentes criaturas mediante un editor de lo más completo. Justo este elemento es lo que diferencia a su versión de PC de los más juegos del género, y más o menos ha sido transportada con fidelidad a su homónimo para DS. Así, desde el principio, se nos de la posibilidad de coger a Oogie y modificar sus miembros, así como los ojos o la boca, por ejemplo.
La edición es sencilla: seleccionar el tipo de parte' en la zona izquierda y arrastrar hacia la zona deseada. Un punto a favor es que la criatura cambia totalmente según donde coloquemos la pieza'. Si le ponemos un ojo en la espalda, se quedará ahí, sin obligarnos necesariamente a ponerlo en la zona más coherente. Esto genera una sensación de libertad bastante amplia, pues con las pocas opciones que hay al principio del juego, ya se permite la creación de cosas ciertamente curiosas.
Este añadido cobra fuerza, puesto que no está simplemente de forma testimonial, sino activa. Cada una de las partes de la criatura tiene una serie de características o atributos que afectan en todo momento al monstruo. Por ejemplo, unas patas traseras largas pueden dar mucha defensa al elevar el cuerpo de la criatura, algo que unas más bajas no lograrían. Lo mismo ocurre con los brazos, así como los diferentes añadidos que pueden ponérsele a la criatura, mejorando la fuerza, defensa, velocidad, etcétera.
Y esto se convierte en un arma de doble filo, pues tiene una gran ventaja y un problema importante: la libertad es relativa. Podemos crear un monstruo estéticamente genial, pero a la hora de la verdad estamos obligados en todo momento a crear una criatura con unas características concretas para ir superando la aventura. Esto se da debido a que la única forma de potenciar los atributos, además de subiendo de nivel como en cualquier RPG -esto es, aumentando la experiencia- es ponerle nuevas partes a la criatura.
Si queremos crear una simple rana, será imposible pasarse el juego, puesto que algunos enemigos tienen mucha defensa y se nos obliga a aumentar la fuerza para poder derrotarlos. Esto no es un fallo, pero sí echa por tierra esa sensación de poder crear lo que queramos, dado que no es así al 100%. Este cambio constante de la criatura no es un problema más allá de los fanáticos del diseño, pero sigue siendo puntualizable por lo previamente comentado.
El desarrollo del juego también responde a los arquetipos del género: todo consiste en ir avanzando mediante misiones simples, como escoltar un personaje, rescatar a otro, etcétera. Tras superar el objetivo vamos pasando a otras islas, atravesando cavernas y praderas, en las que además podemos acceder a lo que es sin duda lo más divertido: los minijuegos.













