Los aficionados a los videojuegos tenemos la mala experiencia de observar cómo algunas de nuestras obras favoritas son llevadas a la pantalla grande con resultados mínimamente nefastos. Dejando al margen la obra del archiconocido y en algunos círculos odiado Uwe Boll, las grandes producciones, pese a contar con presupuestos desmesurados, tampoco han sabido captar ninguna esencia del producto original, reescribiendo historia y personajes a su gusto hasta cambiar, por ejemplo, invasiones infernales por infecciones víricas diferentes en una persona dependiendo de lo buena o mala que sea.
La última franquicia comprada para su posterior adaptación, al margen del casi desconocido proyecto de WoW, ha sido la francesa Prince of Persia, que pretende retratar la saga desde su segunda incursión en el mundo de las tres dimensiones.